Es tiempo de la movilidad baja en carbono

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En la medida en que más personas se muden a las ciudades, el transporte bajo en carbono debe convertirse en una prioridad si estamos siendo congruentes con el discurso de combate al cambio climático. El sector transporte actualmente contribuye con 23% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero y este porcentaje sigue aumentando. Además, el transporte es casi completamente dependiente del uso de combustibles fósiles (96 por ciento). Y es responsable por casi 60% del consumo de petróleo a nivel mundial.

Sin acciones, el futuro se ve aterradoramente dominado por el automóvil particular. Algunos estudios anticipan que sobre el planeta habrá un total de dos mil millones de autos en el futuro. Este tipo de modelo de negocio es, como usualmente sucede, completamente insostenible, especialmente si queremos evitar la catástrofe económica y los impactos sociales en un mundo que no disminuye de manera considerable sus incrementos en la temperatura global. El transporte es uno de los pocos sectores donde las emisiones de GEI aún siguen creciendo; y mientras esto representa un problema mayúsculo en emisiones, también significa que las innovaciones en esta área son capaces de incidir dramáticamente.

¿Qué ganamos con la movilidad baja en carbono?

Más allá de los beneficios ambientales, el transporte sustentable también juega un rol importante en la generación de equidad. Históricamente, todas aquellas personas que no tienen acceso al automóvil particular han sido objeto de gasto de presupuesto público en transporte de manera inequitativa, lo que ha hecho que la infraestructura esté basada en las necesidades del automóvil. Cuando los gobiernos invierten en movilidad sustentable y accesible, obtenemos como resultado mejores tiempos de traslado, mejoras de movilidad y accesibilidad económica, mejorías en seguridad vial y en salud pública. Reconocer al gran número de peatones (todos), ciclistas y usuarios de transporte público, al mismo tiempo que invertimos en su seguridad y en acceso a servicios, asegurará que la calidad de vida en las zonas urbanas sea mejorada por completo.

Financiar transporte bajo en carbono y la creación de ciudades conectadas es una inversión altamente eficiente. Contrario a construir más vías y a subsidiar los combustibles y el automóvil particular, el transporte sustentable ha probado ser más saludable, más sustentable y ser un acercamiento más viable económicamente para un mejor diseño urbano y una mejor planificación en transporte. Prevenir la tan dañina expansión urbana que se genera gracias a una planificación centrada en el uso del automóvil, por ejemplo, puede prevenir el locking-in[i] de la congestión a largo plazo, y en general, el recurso ineficiente en los patrones de crecimiento urbano.

Cada ciudad tiene una decisión que tomar y algunas ya están moviéndose hacia la construcción y expansión de sus redes de transporte. Esta transición hacia el transporte compartido y bajo en carbono es especialmente crítica en regiones con altos índices de urbanización y en países en desarrollo. Consideremos, por ejemplo, a Río de Janeiro que tiene un BRT (Bus Rapid Transit) de alta calidad y que mueve a 9 millones de personas, ahorrando 7.7 millones de horas-viaje cada mes. Además, cada uno de los autobuses de los dos corredores –TransOeste (56 km) y TransCarioca (39 km)– reemplazan un promedio de 126 automóviles, lo que resulta en 38% de reducción en emisiones de dióxido de carbono a lo largo del corredor. A largo plazo, la ciudad aspira a hacer de su BRT el mejor sistema de transporte de Brasil para 2018 y lanzará, en 2016, el nuevo corredor TransOlimpica que apoyará a los sitios clave para los Juegos Olímpicos conectando a los corredores existentes. Este programa ha reducido la congestión, mejorado la calidad del aire y, como resultado, ha mejorado la salud y la calidad de vida de sus habitantes.

Encontrando el Balance Apropiado en el Transporte

La meta final es evitar el total de los viajes en vehículos motorizados a través de una mejor planeación y pasar de un transporte basado en el automóvil particular a uno más conectado y sustentable. Mientras que es importante respetar el contexto local, algunas otras opciones son: incrementar la seguridad vial para caminar y moverse en bicicleta, mejorar la conectividad multimodal y ofrecer mejor calidad en el servicio de transporte, como los sistemas BRT.

Para los viajes que tienen que hacerse en automóvil, podemos cerciorarnos de que los vehículos cumplan con los más altos estándares de seguridad y de economía del combustible. Los vehículos eléctricos son un buen ejemplo a seguir y han probado reducir el ciclo de vida de las emisiones. El esquema del automóvil compartido es otra opción para incentivar la reducción de adquisición de automóviles y, de esta manera, reducir la demanda general de estacionamiento, ofreciendo beneficios en la calidad del aire y en las metas de reducción de emisiones. Incentivar el crecimiento de vehículos eléctricos y del auto compartido es un comienzo para compartir los vehículos particulares, pero deben venir acompañados por una mayor oferta de transporte público masivo. Brasil, por ejemplo, ha encontrado el éxito en las campañas de auto compartido; un programa tiene más de 3 mil 300 miembros compartiendo 56 automóviles (a partir de enero de 2014).

#WeAreTransport o #SomosTransporte

En los próximos años, el mundo deberá expandir sus redes de transporte de manera mayúscula para satisfacer la creciente demanda de movilidad sustentable. Existe un amplio rango de opciones para que las ciudades se transformen a través de su transporte. Los beneficios multisectoriales de esos cambios ya no pueden ser ignorados. En las próximas semanas, la COP21 proveerá de un foro en donde habrá que reconocer la importancia del transporte y este reconocimiento debe inspirar a hacer grandes inversiones en movilidad sustentable. El sector transporte, unido en apoyo a las acciones aceleradas en combate al cambio climático (#WeAreTransport), está preparado.

[i] Lock-in: Efecto ancla. Este fenómeno es un concepto que describe la situación de estar cautivo y comprometido a/en una cierta tecnología.

 

*Foto: Benoit Colin/WRI