Madrid, ejemplo de recuperación de río urbano que había sido obstruido por una autopista

Javier Malo de Molina dictó conferencia magistral sobre la política pública aplicada para regresarle a los ciudadanos espacios dignos de recreación, y poder conectar el río Manzanares con los atractivos naturales que habían permanecido dispersos, pero que rodeaban ese espacio natural.

En el marco del XI Congreso Internacional de Ciudades y Transporte, Javier Malo de Molina, integrante del despacho Burgos y Garrido Asociados, presentó la experiencia de transformación del río Manzanares en Madrid, junto al cual corría una autopista urbana, en un parque lineal que permitió la recuperación del espacio público la convivencia de los habitantes en un entorno que buscó recuperar el paisaje histórico de la ciudad.

En la conferencia magistral Transformación del Río Manzanares, Madrid, Malo de Molina describió el proceso mediante el cual el río, que forma parte de la cuenca del Tajo, pasó de estar delimitado por una carretera de cinco carriles por sentido a ser un camino de convivencia para las personas.

La autopista fue enterrada a partir del año 2004, con obras que duraron hasta el año 2007, mientras que el parque de la superficie se comenzó en 2006 y se inauguró en 2011.

El especialista explicó que la visión principal de la recuperación del río fue permitirle a los ciudadanos de Madrid recuperar no sólo los seis kilómetros que abarca el afluente en la parte central de la capital española, sino los 90 kilómetros que en total tiene, desde las montañas del norte hasta los territorios áridos del sur de la ciudad, a través de un camino accesible para peatones y bicicletas, que antes no podían recorrerse de manera continua.

 “Fue una recuperación histórica de conexión entre la ciudad y su medio circundante que se perdió cuando la ciudad comenzó a crecer y el río quedo metido y desaparecido cuando la ciudad creció. El río había desaparecido cuando se construyó ahí la autopista”, lamentó.

Malo de Molina reconoció que aunque el río es un camino con bajo caudal, fue importante recuperarlo, pues forma parte del paisaje natural de la zona, como parte de una política para regresarle a los ciudadanos espacios dignos de recreación, y poder conectar con el río, los atractivos naturales que habían permanecido dispersos, pero que rodeaban ese espacio natural.

“El río no es un accidente que le haya ocurrido a la ciudad, sino que la ciudad es uno de los accidentes que le suceden al río, que tiene 90 kilómetros y atraviesa montañas, la ciudad y las regiones áridas del Sur de Madrid”, aseguró.

Además, Malo de Molina dijo que lo importante del proyecto fue que ninguna parte del parque fue privatizada y permanece como un espacio abierto al público en general y ahora es el lugar para todo tipo de celebraciones, espectáculos y actividades diarias de la comunidad madrileña.

Destacó que el proyecto fue posible gracias a la voluntad política del alcalde que en 2004 se decidió a construir túneles debajo del río para conducir el tráfico de la carretera M30, la más transitada del centro de Madrid, con una afluencia aproximada de 300 mil automóviles diarios, lo que implicó complicaciones viales durante los años de la obra, pero que al final, permitió que los residentes aledaños a la vía rápida pudieran abrir sus ventanas, pues ya no encontrarían autos ni polución frente a ellos.