Transforma sustancialmente Metrocable a la ciudad de Medellín, Colombia

Metrocable conecta barrios de la ladera al centro. Foto por Kyle Laferriere

Metrocable fue uno de los cinco finalistas del primer Premio Ross para Ciudades, un concurso global para proyectos urbanos que han desatado cambios ejemplares

Medellín, en Colombia, llegó a ser la capital de los asesinatos del mundo, cuando en los años 80 la explosión global del comercio de drogas elevó los niveles de crimen de la ciudad, y la sumergió en un estado de ilegalidad permanente. Las comunidades en los barrios más pobres adyacentes al Valle de Aburrá, estuvieron en la línea de fuego entre la violencia y el caos.

Hoy en día, Medellín es otra ciudad. Nuevos comercios y plazas se extienden desde el centro de la ciudad hasta los vecindarios de las colinas. Se han construido bibliotecas, escuelas y parques en áreas donde la inversión pública solía estar ausente. Hoy los habitantes se encuentran en los espacios públicos para jugar y socializar, y el comercio está prosperando.

Este tipo de transformaciones urbanas implica integrar a un numero considerable de elementos móviles, pero en el caso de Medellín, gran parte del cambio ha sido fruto del desarrollo de un nuevo sistema de movilidad, y del incremento de inversiones públicas asociadas que han fomentado el tejido de lazos comunitarios entre vecindarios clave. Estos cambios han reconceptualizado lo que significa hoy vivir en Medellín.

En 2004, Metro de Medellín inauguró Metrocable, el primer sistema de tranvía aéreo del mundo. Metrocable conecta a los barrios pobres de la ladera con el centro de la ciudad y su sistema de movilidad, con lo que se redujo lo que era un viaje de dos horas y múltiples billetes, a uno de 30 minutos con un solo pasaje. Metrocable se inauguró con tres líneas activas y dos más en construcción. Metrocable fue uno de los finalistas del Premio Ross para Ciudades.

 

Construyendo hacia las afueras para atraer a la comunidad al centro

Una serie de reformas constitucionales aprobadas en los años 90 permitió que la Municipalidad de Medellín se involucrara en la gestión de proyectos para mejorar las zonas informales de la ciudad. Estas medidas permitieron acondicionar áreas cuya rápida expansión ocurrió sin el desarrollo formal de calles, sistemas de transporte y espacios públicos. Tras la elección del alcalde Luis Pérez en 2000, la ciudad pactó un acuerdo financiero con la autoridad del tránsito público, Metro de Medellín, para ayudar a diseñar y construir el Metrocable.

Desde el principio, las autoridades de la ciudad tuvieron claro que, sin el apoyo de la comunidad, no sería posible alcanzar los objetivos del proyecto. Para entender y sobrellevar la fragmentación comunitaria que resultó tras años de violencia desenfrenada y la mínima intervención del Estado, los trabajadores de Metro de Medellín realizaron talleres y recolectaron datos sobre los patrones de vida, la movilidad y la socialización en los barrios más pobres. Cuando se estrenó la primera ruta, la Línea K, en 2004, Metrocable aumentó la intensidad de su participación en la comunidad, interactuando con más de 40 mil ciudadanos para asegurarse de que los residentes entendieran cómo usar el sistema responsablemente.

Ese mismo año, el alcalde Sergio Fajardo fue electo gracias a su plataforma a favor del urbanismo. Sus promesas de campaña incluyeron optimizar esfuerzos para mejorar áreas descuidadas, a través de inversiones en espacios públicos e instituciones comunitarias como bancos, bibliotecas y escuelas. Su plan de implementar mejoras a gran escala, a través de proyectos públicos, fomentó la confianza en el Estado y la integración municipal.

 

‘Una Bendición de Dios’

Los beneficios de la Línea K se hicieron evidentes rápidamente. Nuevos negocios abrieron sus puertas alrededor de sus cuatro estaciones, el valor de los bienes raíces en el área aumentó y la ciudad invirtió para transformar 40 mil metros cuadrados de espacio público en parques y áreas de recreación. Además, la duración y el costo de los viajes al trabajo se redujeron significativamente. Metrocable permitió que usuarios acostumbrados a navegar en un laberinto de calles durante su trayectoria desde el valle, pudiesen conectar rápidamente su ruta con el sistema de autobuses y trenes del Metro de Medellín. El acceso a empleos y otras oportunidades también incrementó.

“Metrocable nos trajo seguridad, nos trajo a la policía, nos trajo empleos, nos trajo comunión”, señala la líder comunitaria Rosalba Restrepo. “Metrocable fue una bendición de Dios para este vecindario”.

La transformación social de Medellín fue el cambio más evidente. Los ciudadanos empezaron a conectarse más con su comunidad y con su ciudad, la taza de homicidios bajó rápidamente y la confianza en el gobierno aumentó.

“De ver cómo era mi barrio hace 20 años, a verlo ahora, es claro que ha habido un desarrollo tremendo”, comenta Darwin Barrientos, un residente que creció en un área cercana a la Línea K y que ahora trabaja como supervisor de una estación de Metrocable. “Rompimos el paradigma para comunicarnos fácilmente con la ciudad usando medios de transporte que nos facilitaran las cosas, en eso consistió nuestra integración social”.

El éxito de Metrocable realza el valor de la coordinación entre diversos actores e instituciones para producir cambios sustanciales en las ciudades. La transformación de Medellín fue el resultado de una solución de transporte combinada con la iniciativa gubernamental de invertir en servicios públicos y promover la participación social. La cohesión social fue un resultado de ambas iniciativas.

Otras ciudades en América Latina han comenzado proyectos de transporte similares desde la inauguración de Metrocable, en Medellín, entre ellas Bogotá y Manzanares en Colombia, Río de Janeiro y Santo Domingo en Brasil, y la Paz en Bolivia. Su objetivo es incitar una transformación social similar. Sin embargo, pocas iniciativas han sido complementadas con el mismo nivel de inversión en el sector público o de impulso de la participación social. Por ende, pocas han logrado el nivel de éxito de Medellín.

Metrocable ha redefinido la concepción de las fronteras de Medellín y de la importancia de los habitantes de la periferia, integrando la ciudad en varios contextos.

“Metrocable se ha convertido en un símbolo de Medellín”, dice el gerente general del Metro de Medellín, Tomás Elejalde Escobar”, un símbolo de la transformación, de la equidad que se ha logrado entre diferentes barrios”.

Nuestro serie de blogs Transformaciones Urbanas aborda las historias de los finalistas del primer Premio Ross para Ciudades, un concurso global de proyectos ejemplares que han desatado cambios en diferentes. El ganador de este primer premio, escogido entre casi 200 concursantes de todo el mundo, fue otorgado al Programa de Evaluación y Mejora de la Seguridad Vial en Zonas Escolares (SARSAI, por sus siglas en inglés), un método eficaz, altamente replicable y de alto impacto en cuanto a los traslados que hacen los niños para ir a la escuela en Dar es Salaam, Tanzania, y otras ciudades africanas. Para más información, visita wrirossprize.org.