Cómo Santiago de Chile se convirtió en líder global de los autobuses eléctricos

Santiago de Chile-- Foto Flickr/mariordo59

Alrededor del mundo, el transporte eléctrico está despegando. Ciudades e instituciones de transporte público experimentan con las últimas tendencias e innovaciones tecnológicas que van de autobuses o autos, a bicicletas y monopatines eléctricos. 

Hemos visto a China como líder del mercado de los vehículos eléctricos en años recientes, con ejemplo como el de Shenzhen, que se convirtió en la primera ciudad en electrificar enteramente su flota de autobuses para el transporte público. Actualmente, Santiago de Chile está emergiendo como el nuevo líder de la electromovilidad. 

El pasado 15 de diciembre, arribaron 100 autobuses eléctricos a Santiago de Chile y, para este año, se espera que Chile introduzca la segunda flota de autobuses eléctricos más grande del mundo después de China, con más de 200 unidades en Santiago. Además, está en desarrollo una propuesta del nuevo modelo del sistema que busca proveer los incentivos para incorporar 500 autobuses eléctricos a la ciudad para el año 2020. 

¿Cómo hizo Santiago de Chile para cambiar su curso tan rápidamente? Hubo tres factores que abrieron camino para que la electromovilidad emergiera en esa ciudad:    

  1) Abundancia de recursos minerales cruciales.  

Desde el punto de vista de los recursos, Chile tiene muchas ventajas. Es el productor número uno de cobre y aporta el 27 por ciento de la cantidad total de este recurso. El cobre es una materia prima muy importante para los autobuses eléctricos, puesto que éstos consumen tres veces más de este material que los autobuses regulares—alrededor de 370 kilogramos en algunos autobuses - debido a sus grandes baterías.  

Chile es el segundo productor de otro recurso fundamental para las baterías utilizadas en la movilidad eléctrica: el litio. Mientras que otros países como Estados Unidos se inquietan por la dominación de China sobre el mercado de litio; Chile tiene poco de qué preocuparse por su alta producción y su reserva más grande del mundo. 

2) Políticas públicas sólidas 

Bajo el marco del Acuerdo de París, Chile estableció compromisos fuertes para reducir el impacto del efecto de los gases de efecto invernadero, donde el transporte es un sector clave para la mitigación, puesto que generó el 29 por ciento de las emisiones de CO2 durante 2013 en ese país. Actualmente, el sistema de transporte Transantiago genera más de la mitad de los gases óxidos de nitrógeno (NOx) que se acumulan en Santiago de Chile, y 450 mil toneladas de CO2 al año. Además, la concentración promedio de partículas de suspensión en Santiago durante 2015, fue de más del doble del nivel considerado seguro por la Organización Mundial de la Salud.    

Ante este problema, el gobierno chileno publicó en 2017 su Estrategia Nacional de Electromovilidad, en parte para alcanzar sus compromisos climáticos, pero también para exponer inquietudes en cuanto a la calidad del aire. La estrategia, preparada en conjunto por los ministerios de Transportes y Telecomunicaciones, Energía y Medio Ambiente, presenta cinco pilares para que el país transite hacia la electromovilidad. El objetivo para el 2050 es que al menos 40 por ciento de los vehículos privados y el 100 por ciento de los vehículos de transporte público sean eléctricos. 

Las metas climáticas y el fuerte compromiso nacional con la electromovilidad proveen a Chile de una base sólida para el establecimiento y expansión de la electromovlidad en el transporte público.  

3) Innovación en el modelo de negocio vía diálogo intersectorial 

Alcanzar este punto ha requerido una fuerte colaboración con aportaciones de varios sectores del gobierno y la industria privada. 

La mayor empresa de provisión de electricidad de Chile, por ejemplo, desarrolló el nuevo modelo de negocio de autobús eléctrico de Transantiago en conjunto con un operador de vías del sistema. Los 200 e-buses de la ciudad han sido comprados a diferentes fabricantes chinos por dos empresas eléctricas y serán arrendados a los operadores de autobuses, pagados parcialmente con las tarifas de los usuarios y parcialmente cubiertos por los subsidios de transporte público existentes. 

El entorno económico liberal de Chile ha impulsado la innovación en los negocios, proveyendo un amplio rango de oportunidades financieras y económicas. En 2016 el país importó 57.5 miles de millones de dólares en bienes con una balanza comercial positiva. Chile ha promovido la inversión privada y puede presumir de tener un sistema financiero estable. 

Este entorno de innovación empresarial y de mercado ha llevado a la inclusión de industrias que tradicionalmente no formaban parte del sector del transporte público, en la oleada de vehículos eléctricos de Chile, como las empresas de servicios públicos. Además, fomentó nuevos modelos de negocios y asociaciones que hacen que los proyectos complejos de movilidad eléctrica sean menos complejos. 

En la nueva propuesta de licitación de Transantiago, se dividen los gastos de capital y los gastos de operación entre los contratistas para que los operadores de vías no tengan que soportar toda la carga técnica y financiera que demanda la nueva tecnología de los autobuses. Ésta, sigue un enfoque similar al proceso de adquisición realizado en Bogotá, Colombia, para remplazar su antigua flota de autobuses. 

El sólido marco normativo de Santiago ha hecho de la capital un precursor en cuanto a autobuses eléctricos en América Latina, y en todo el mundo. La abundancia de los recursos naturales, la estrategia nacional clara, el involucramiento de las partes interesadas y la economía dinámica, le dan la ventaja. La nueva licitación para Transantiago podría poner a 500 autobuses eléctricos en las calles de Santiago en los próximos dos años, aproximadamente el 10 por ciento de la flota total. El modelo es una gran promesa para la capital de Chile, y podría ser un ejemplo para otros países.