Transformadoras urbanas

Durante la trayectoria de WRI México hemos identificado una constante, la representación mayoritariamente masculina en el ejercicio del pensamiento científico avalado por instituciones académicas, en la construcción de política pública, y en los altos niveles de mando de la mayoría de los servicios públicos. Es una tendencia general innegable y lo ilustra cualquier evento público o conferencia: las autoridades en la materia, en su mayoría, son hombres. ¿Por qué? Por razones muy estructurales que determinan la llegada de hombres y mujeres a estos cargos y puestos.

            ¿Y por qué esto nos afecta? Independientemente del género, como cualquier desequilibrio fuerte de representación de la población, la falta de diversidad en los grupos que generan el conocimiento, provoca que se haga con enfoques propios definidos entre pares iguales, que definan los problemas a tratar, las prioridades, las agendas, y todos los procesos de la ejecución de la política y los servicios públicos, y esto se realiza, generalmente, con desconocimiento y falta de consideración de la perspectiva de individuos distintos, de sus necesidades, sus experiencias, sus condiciones y aspiraciones.

            La alta predominancia de hombres en cargos altos y medianos técnicos de la administración pública, resulta en políticas que no entienden ni atienden bien a toda su población, la cual en gran parte se compone de mujeres. Problemas urbanos y sociales siempre complejos, sólo pueden atenderse ampliando el foco y asegurando la diversidad en su análisis y en la implementación de las soluciones. En la situación de violencia enraizada que aqueja al País, la diversificación de género en los distintos niveles de la administración pública es una dimensión fundamental y urgente para atender muchos de nuestros graves problemas.

            A raíz de la conferencia WomenMobilizeWomen (Transformative Urban Mobility Initiative (TUMI) en Leipzig, Alemania, el 22 de mayo de 2018, desde el World Resources Institute México nos sumamos al esfuerzo de reflexión de estos problemas, y por eso nos hemos propuesto entender, a la luz de testimonios desde la esfera política y el servicio público, por qué la equidad representativa importa para la construcción de la gobernanza, y cómo lograrla; además de que se describirán los mecanismos que dificultan o permiten la integración de las mujeres en esos ejercicios y lo que esto conlleva.

            Esta serie con entregas mensuales, que hemos titulado Transformadoras urbanas, da voz a mujeres que han sido o son parte del ciclo de la política pública, mujeres que narrarán sus experiencias, trayectorias y análisis sobre la equidad representativa, entre otros temas relacionados. Hoy iniciamos con el sector del transporte, dándole la palabra a Gisela Méndez, exsecretaria de movilidad del estado de Colima.

Céline Jacquin, WRI México

 

Gestión de la movilidad con perspectiva de género

Mi experiencia desde la función pública

Por: Gisela Méndez

 

De 24 años de carrera profesional, 12 los dediqué a la iniciativa privada y la academia, y los últimos 12 años he estado dentro de la función pública, con un periodo intermedio en la sociedad civil organizada, siempre en los temas urbanos, los del quehacer de la ciudad. Como funcionaria he trabajado en el gobierno municipal, estatal y actualmente el federal.

            Desde que era estudiante sobresalí por mi desempeño y, eligiendo una carrera con predominancia masculina, comencé a entender las dificultades de ser mujer en un ambiente profesional, donde destacar se castiga. Después de casi cinco años estudiando arquitectura, fui la primera estudiante en darle a mi escuela el primer lugar en el Concurso Nacional de Arquitectura; sin embargo, cuando mi generación enfrentó una reprobación masiva en el último año, cerré mi etapa de estudiante con la acusación de haber sido una de las pocas que había concluido por, seguramente, estar acostándome con el profesor.

            Durante mi trabajo como parte de una consultoría urbana aprendí a entender cómo los intereses privados influían en la forma de hacer nuestras ciudades. Haciendo mancuerna con mi jefe, lográbamos revertir muchas de esas decisiones, sobre lo que constantemente escuchaba la siguiente frase: “¿Sabes por qué el arquitecto te hace tanto caso? Por las minifaldas que te pones”.

            Cuando inicié mi carrera como funcionaria pública con la fundación del Instituto de Planeación de Colima, un presidente municipal se negó a pagarnos el sueldo por más de un año. Cuando al final lo hizo, exigió que a mí se me pagara menos que a mi compañero, aunque teníamos el mismo nivel de puesto. Tanto mi jefe como mi compañero sacaron la diferencia de su propio sueldo por considerar injusto que se me pagara menos.

            Conforme mi desempeño hacía que adquiriera más responsabilidades, quienes dentro de las organizaciones en las que he trabajado se sintieron desplazados, sin la posibilidad de ejercer efectivamente violencia laboral, no dudaron en señalar constantemente que mis responsabilidades se debían a mi relación con mis jefes, y no a mi capacidad.

            Con el posicionamiento que logré a nivel nacional e internacional en temas de movilidad y transporte me integré al gobierno estatal de Colima. Una lideresa de transportistas me preguntó: “Y tú, ¿cómo llegaste aquí? ¿De quién eres hija?”. Una pregunta que refleja las costumbres en las designaciones de funcionarios de primer nivel en todos los gobiernos. Una pregunta similar me hicieron cuando posteriormente me incorporé al gobierno federal: “¿Quién es tu padrino?”, me dijeron.

            Las dificultades para ejercer profesionalmente en un sector dominado por hombres, inicia justamente con el nivel de descrédito inicial con el que comienza una mujer y, sin importar qué tan alto llegues en la jerarquía institucional, demostrar tu valor es un ejercicio diario.

            Estas historias son comunes y no deberían serlo. Como funcionaria al frente de políticas de movilidad y transporte, entendí que ejercer la igualdad y el trato digno pasa por un filtro personal de quien está a cargo de la política. Sobre Colima puedo nombrar cuatro casos:

  1. Eliminar barreras culturales que no permitían que las mujeres fueran titulares de una concesión de taxi o de autobús. Esta política fue dictada a mediados de los años 90 por el Director de Transporte en turno. No es un lineamiento que esté en la ley o en algún reglamento, ni siquiera está en los manuales de procedimientos, sin embargo se volvió una practica común y obligó a muchas mujeres a ceder su espacio como titulares a padres, hermanos, hijos y esposos, hasta que años más tarde, durante disputas familiares, quedaban completamente fuera. Fui testigo de casos donde hubo fracturas familiares, abusos de autoridad, violencia contra las mujeres y hasta una línea de investigación por asesinato, todo por una política basada en la concepción de que una mujer no puede manejar una concesión de transporte.
  2. Evidenciar la existencia y el combate al acoso sexual en el transporte público. Una de cada tres mujeres ha vivido acoso sexual, la mayoría de estos casos se da en el espacio y en el transporte público. En Colima, una chica tuvo que saltar de un taxi en movimiento al sentirse amenazada por el taxista, una situación que la sociedad aún considera normal. La situación es muy distinta cuando quien está a cargo y emite el mensaje es una mujer. Ante esta postura firme,se duplicaron las denuncias ante la Secretaría, y se difundió la advertencia entre taxistas sobre las sanciones en caso de acoso. Esto no significa que los casos hayan aumentado, sino los reportes. Cambió la relación con la autoridad.
  3. Si tienes antecedentes penales no puedes ser concesionario, si ejerces violencia contra la mujer tampoco. Es común ver que para obtener un trabajo se solicite una carta de antecedentes no penales. Nuestro equipo fue más allá. Para ser concesionario o chofer certificado ahora debes permitir a la autoridad solicitar tu estado con respecto a medidas cautelares por violencia de género. Esto lo acompañamos de acciones de capacitación constante a los choferes que, durante los cursos, externaron que muchas actitudes que son consideradas violencia, no lo eran para ellos, o bien que no las habían visto desde la perspectiva de la mujer. Además de institucionalizar el procedimiento administrativo, la demanda por parte de los choferes para conocer más del tema aumentó.
  4. Facilitar el cambio del género en las licencias de conducir. Tener una identificación que sea acorde a tu género legalmente reconocido es muy importante. Ayuda a evitar actos de discriminación, abuso de poder y burlas, además de que se trata de un derecho al cual las personas transgénero deben acceder sin que nadie las cuestione. Decidimos cambiar la palabra sexo por la palabra género, y le explicamos al personal la relevancia e importancia de este cambio. El resultado se dio meses después, cuando una mujer transgénero quiso obtener su licencia y el personal se la otorgó como indicaba el procedimiento. Su experiencia se hizo pública y esa misma semana realizamos más trámites similares. De nuevo, la relación con la autoridad había cambiado y la tutela de los derechos humanos prevaleció sobre las opiniones personales.

            Cada uno de estos cambios no estuvo exento de burlas, comentarios negativos y señalamientos hacia lo que se consideraba moralmente inaceptable. Parecía una gran revolución, cuando no fue más que la aplicación de los derechos constitucionales que tenemos como mexicanos y mexicanas.

            ¿Cuál es la diferencia? No sé si sea tener a una mujer o a un hombre en el cargo, pero sí considero se que requiere tener conocimiento de los derechos humanos universales y de los constitucionales, para que nuestro papel como autoridades sea promover el ejercicio pleno de los derechos de todas las personas, sin excepciones.

            Hoy, dos de cada 10 mujeres cambiaría su modo de viaje con tal de no vivir acoso sexual, o ser objeto de una violación. La violencia en el espacio y el transporte público va en aumento. Hacer que el enfoque de género se aplique transversalmente en todas las políticas públicas, es el gran reto de los gobiernos y de nosotros como sociedad.

@gismendez

giselamendez@me.com