Las bicicletas sin anclaje están transformando nuestras ciudades… pero aún no sabemos cómo

Los sistemas de bicicletas compartidas sin anclaje están emergiendo en el mundo. Foto: Luca Lo Re/WRI)

Los Sistemas de Bicicletas Compartidas en núcleos urbanos no son nuevos; el primer gran punto de quiebre inició hace 20 años con la 3ª generación de sistemas, en la que se introdujeron las tarjetas inteligentes para desbloquear y tomar una bicicleta. Ahora estamos experimentando otro gran salto con las bicicletas sin estaciones que permiten que los usuarios tomen y dejen las bicicletas casi donde quieran, a través de aplicaciones para teléfonos inteligentes.

Sólo en los últimos tres años, estos sistemas conocidos como “dockless” se han expandido de pequeños sistemas para campus universitarios en China a más de 17 millones de bicicletas en todo el mundo. Sólo en Beijing, el CEO de Mobike, Davis Wang, estima que 4 millones de personas usan sus características bicis naranjas a diario. Las dos más grandes compañías –Ofo y Mobike– ya ofrecen servicio en más de 200 ciudades.

Los sistemas de bicicletas compartidas (BSS, por sus siglas en inglés) sin anclaje, claramente se están convirtiendo en un fenómeno global. Pero ¿cuáles son las implicaciones a largo plazo para las ciudades? ¿Los “dockless” pueden ayudar a incrementar el uso de la bici y reducir la congestión y contaminación?, ¿o sus desventajas superarán las ganancias de los usuarios urbanos? Una mirada más profunda nos presenta un panorama mezclado sobre qué esperar.

¿Por qué son tan populares?

Los sistemas “dockless” se expanden rápidamente debido a sus ventajas para usuarios individuales. Primero, el proceso de registro es relativamente sencillo y rápido, y una vez en el sistema, los usuarios pueden desbloquear las bicicletas con un solo click en su teléfono. También son más flexibles comparados a los sistemas de bicicletas con estaciones, aumentando su rango de uso debido a que no se limitan a los polígonos con estaciones y evitan el sufrimiento de buscar una estación con anclas disponibles para estacionar la bici. Por último, el cargo se hace por viaje y, generalmente, es más barato que los costos de los sistemas con estaciones.

Desde una perspectiva más amplia, estos sistemas son atractivos por su potencial para aumentar la demanda ciclista en las ciudades, lo que podría reducir la mortalidad al mejorar la salud, reducir la contaminación y el ruido e incrementar las ventas de los negocios locales.

Asimismo, pueden llevar las bicicletas compartidas a zonas donde es complicado poner nuevas estaciones, como en zonas con valor histórico; además que su implementación requiere un capital mucho más pequeño porque no requieren de nueva infraestructura, como cicloestaciones. Las grandes empresas del sector cuentan con capital privado, lo que hace que la implementación del sistema sea mucho más rápida y sin costos directos para la ciudad, con la posibilidad de realizar proyectos pilotos de manera sencilla.

Finalmente, estos sistemas producen una cantidad enorme de datos sobre patrones de viaje, lo que, en teoría, podría ayudar a generar mejor planeación y políticas públicas para las ciudades.

¿Por qué no es perfecto?

Sin embargo, el rápido desarrollo de los BSS “dockless” también tiene algunos aspectos espinosos. Sin estaciones destinadas, los usuarios pueden dejar las bicicletas donde sea, lo que podría generar problemas con la distribución (balanceo) y uso del espacio público.

Normalmente, los proveedores privados de sistemas sin anclaje no se encargan del balanceo de sus bicicletas fuera de su área de operación, confiando en que los mismos usuarios se encargarán de regresar las bicis. Esto ha provocado problemas como aceras obstruidas, montañas de bicicletas en mal estado e, incluso, bicis estacionadas sobre vías rápidas. Las bicis también han sido objeto de vandalismo, malos usos (como dejar bicis dentro de una propiedad privada), entre otros; además, algunas ciudades han sufrido del abandono o robo de las bicicletas.

Pese al bajo costo que representa el viaje con estas bicicletas, resulta más caro que los sistemas con estaciones para usuarios diarios con tarifas anuales. Además, mantener las tarifas tan baratas y los problemas de vandalismo y robo generan cuestionamientos sobre la sostenibilidad financiera a largo plazo de los proveedores. A finales de 2017, tres compañías se declararon en quiebra y más de un experto ha visto el mercado como una burbuja a punto de explotar.

Tomando en cuenta que estas empresas no suelen tener contratos como prestadores de servicio para las ciudades, se podría suspender el servicio o cambiar los cálculos financieros unilateralmente. Más importante, hasta la fecha, los datos compartidos entre las empresas y los gobiernos municipales han sido mínimos, desperdiciando su potencial para incidir en la planeación y toma de decisiones de las ciudades.

El auge de los sistemas sin anclaje también está cambiando la industria de la bicicleta; algunos fabricantes en China han cambiado su producción de bicicletas privadas para construir bicicletas compartidas, provocando el aumento de los precios en componentes, con potenciales implicaciones para la industria de la bicicleta y su uso a nivel mundial.

Finalmente, el impacto ambiental de la fabricación masiva de bicicletas con un promedio de vida de entre dos y cuatro años tendrá que ser evaluado y aún no es claro si estas bicicletas podrán reciclarse o reutilizarse después de su vida útil.

¿Qué sigue?

No obstante, el horizonte ofrece algunas posibles soluciones a estos retos. Desde el intercambio de datos, hasta la sobreoferta de bicicletas pueden solucionarse mejorando la colaboración entre las empresas privadas y los gobiernos locales para integrar esta nueva forma de movilidad a las redes de transporte urbano.

Algunas ciudades como Seattle, San Francisco, París, Londres, Sao Paulo, Florencia y Milán, han comenzado a tomar más control sobre los esquemas “dockless” y han introducido regulaciones para regular y designar espacios destinados a estas bicis, seguro para los usuarios, estándares de seguridad y mantenimiento, capacidad de balanceo y redistribución, obligaciones para compartir información específica con las autoridades para mejorar las estrategias de movilidad activa gubernamentales, entre otras. La Federación Europea de Ciclistas ha realizado recomendaciones similares y han comenzado a surgir Guías de Planeación para que las ciudades implementen los sistemas “dockless”.

Es muy pronto para sacar conclusiones claras sobre los efectos que los sistemas de bicicletas compartidas sin anclaje pueden tener en la movilidad urbana. Estos nuevos actores tienen el potencial para convertirse en una excelente solución para la conectividad de primer y última milla, conectando centros de transporte y extendiendo el alcance del transporte masivo. Pero necesitamos comenzar a ver las estrategias que se tomen para reducir la producción de desechos que se ha visto en algunas ciudades y una mejor coordinación entre las autoridades y los gobiernos para desarrollar regulaciones que les permitan operar de manera más segura, sustentable y cívica.

 

*Nota original (en inglés) en TheCityFix.com