10 Principios de movilidad compartida para ciudades amables

Calle en Hong Kong. (Foto: Tauno Tõhk / 陶诺 | Flickr)

"Las ciudades no son el problema, son la solución”, Jaime Lerner.

Desde hace ya siete años somos más las personas que habitamos las ciudades que las que viven en zonas rurales. La tendencia indica que para el 2050 la población urbana será el 70% del total. Las ciudades son punto de encuentro, de intercambio y de prosperidad económica y social, pero enfrentan serios retos para asegurar el acceso equitativo para todos sus habitantes. Las ciudades, especialmente las de rápido crecimiento y gran tamaño en países emergentes, enfrentan creciente congestión, contaminación, accidentalidad y exclusión.

Al mismo tiempo, la revolución tecnológica nos trae nuevas formas de movernos con vehículos eléctricos, compartidos y autónomos, los cuales no son un concepto futurista: están a la vuelta de la esquina. Las evidencias de los aportes de estas nuevas formas de acceso son contradictorias, mientras las plataformas tecnológicas como Uber y Lyft parecen reducir los viajes en transporte público y a pie en algunas ciudades, los modelos y predicciones en otras muestran que los vehículos autónomos compartidos y eléctricos serían la solución a la congestión y la contaminación. Algunos escenarios sobre vehículos compartidos muestran que los vehículos-kilómetro se podrían triplicar, aumentando el consumo energético y el congestionamiento. El futuro puede ser el cielo o el infierno, dependiendo de las regulaciones que se adopten, como indica Robin Chase, fundadora de Zip Car y gurú de la economía compartida.

¿Qué podemos hacer? Como organizaciones de investigación y práctica para la sostenibilidad urbana, es necesario adoptar posiciones que apunten a políticas sostenibles en este marco de crecientes problemas y nuevas aplicaciones. Después de un trabajo de 10 meses, Robin Chase, C40, ICLEI, ITDP, SLoCaT, Rocky Mountain Institute, Shared-use Mobility Center y el Centro WRI Ross para Ciudades Sostenibles, presentaron el pasado 5 de octubre en Taiwán, los 10 Principios de Movilidad Compartida para Ciudades Amables.

Los principios le apuntan a un futuro en el cual la movilidad urbana es multimodal e integrada, con viajes a pie, en bicicleta y en vehículos automotores de tamaño adecuado, cero emisiones y compartidos. Se entiende que los vehículos compartidos son aquellos que llevan varios usuarios al mismo tiempo y en el mismo espacio y para los cuales existe remuneración por su uso: desde trenes y buses de transporte masivo, hasta bicicletas públicas, incluyendo minibuses privados, taxis, automóviles compartidos, triciclos motorizados y vehículos para logística urbana.

Los 10 principios guían a tomadores de decisión y partes interesadas hacia los mejores resultados para todos:

 


La forma en que se construyen nuestras ciudades determina las necesidades de movilidad y cómo se pueden cumplir. El desarrollo, el diseño urbano y los espacios públicos, las regulaciones de construcción y zonificación, los requisitos de estacionamiento y otras políticas de uso de la tierra deberán incentivar ciudades compactas, accesibles, habitables y sostenibles.

 


La movilidad de las personas y no de los vehículos estará en el centro de la planificación del transporte y la toma de decisiones. Las ciudades deberán priorizar el caminar, el ciclismo, el transporte público y otra movilidad compartida eficiente, así como su interconectividad. Las ciudades deben desalentar el uso de automóviles, taxis de un solo pasajero y otros vehículos de gran tamaño que transporten sólo a una persona.

 


La planificación y las políticas de transporte y uso del suelo deberían minimizar el espacio vial y de estacionamiento utilizado por persona y maximizar el uso de cada vehículo. La construcción excesiva de espacio vial y de estacionamiento para automóviles, así como los vehículos y las infraestructuras de gran tamaño refuerzan prácticas no sostenibles. El excesivo tiempo que duran los vehículos individuales estacionados y la baja ocupación de cada uno son activos desperdiciados.

 


Los residentes, los trabajadores, las empresas y otras partes interesadas resentirán los impactos directos en sus vidas, sus inversiones y sus medios de vida, por lo tanto es importante involucrarlos activamente en el proceso de toma de decisiones y apoyarlos mientras se avanza en esta transición hacia vehículos compartidos, de cero emisiones y, en última instancia, autónomos.

 


El acceso físico, digital y financiero a los servicios de transporte compartido son bienes públicos valiosos y necesitan un diseño cuidadoso para asegurar que el uso sea posible y asequible para todas las edades, géneros, ingresos y habilidades.

 


El transporte público y las flotas de uso compartido pueden facilitar la transición hacia vehículos de cero emisiones, si se exige este atributo como parte de los requisitos para ellos. Los vehículos eléctricos en última instancia deberán ser alimentados con energía renovable para maximizar los beneficios climáticos y la calidad del aire.

 


Todos los vehículos y modos deben pagar su parte justa por el uso de las vías y por la congestión, contaminación y el uso del espacio para estacionar. La participación justa debe tener en cuenta los costos operativos, de mantenimiento y sociales.

 


La infraestructura de datos que sustenta los servicios de transporte compartido debe permitir la interoperabilidad, la competencia y la innovación, al tiempo que garantiza la privacidad, la seguridad y la responsabilidad.

 


Todos los servicios de transporte deben integrarse y planearse cuidadosamente entre operadores, geografías y modos complementarios. Los viajes sin trabas ni inconveniencias deben facilitarse mediante conexiones físicas, pagos interoperables e información combinada. Se debe aprovechar cualquier oportunidad para mejorar la conectividad de las personas y los vehículos con las redes inalámbricas.

 


Debido al potencial de transformación de la tecnología de vehículos autónomos, es fundamental que todos los AV sean parte de flotas compartidas, bien reguladas y cero emisiones. Las flotas compartidas pueden proporcionar un acceso más asequible a todos, maximizar la seguridad pública y los beneficios de emisiones, garantizar que las actualizaciones de mantenimiento y software sean administradas por profesionales y actualizar las promesas de reducción de vehículos, estacionamiento y congestión, en línea con las tendencias políticas más amplias para reducir el uso de autos personales en áreas urbanas densas.