Una ciudad donde quepamos todos

Foto: Eneas de Troya/Flickr

¿Cuántas historias de personas que migraron a ciudades recuerdas? ¿Quién fue la primera persona en tu familia que emigró a la ciudad? ¿Qué le hizo abandonar la comodidad del mundo que conocía para moverse al caos urbano? ¿Qué fue lo que le motivó a tomar el riesgo? En mi caso, fueron mis abuelos/las. Abandonaron el campo en donde se dedicaban al arado y al cuidado de ganado para probar suerte en Ciudad de México. Las razones que los hicieron dar el salto fueron la búsqueda de oportunidades laborales para ellos, pero también la búsqueda de servicios de educación y salud para sus hijas e hijos. Este último tema fue particularmente relevante para mi familia paterna debido a que una de mis tías fue picada por un alacrán a la edad de 3 años y mi abuelo no alcanzó a llevarla al centro de salud más cercano – que estaba a 10 kilómetros de distancia-. Mi tía murió en sus brazos y, ese mismo día, tomó la decisión de mudarse con la familia completa a la ciudad.

Este tipo de historias se repiten de familia en familia constantemente y a través de todo el mundo. La búsqueda de oportunidades de empleo, de salud, recreación, de abasto, de educación y de servicios públicos es el motor de la creciente urbanización. Es la fuerza detrás de millones de personas que buscan emigrar y asentarse en alguna ciudad en el mundo. Es la razón por la cual World Resources Institute estima que para 2050 las ciudades tendrán que asimilar a 2,500 millones de personas adicionales; o sea, el mundo tendría que ofrecer oportunidades de desarrollo y servicios en ciudades a la población actual entera de India y de China juntas.

Si bien es cierto que las oportunidades que ofrecen las ciudades son mayores, también el reto es muy grande. Hay una frase de Jane Jacobs, socióloga y urbanista canadiense, en el cual se refiere a la generosidad de las ciudades y que resume un poco el reto al que nos enfrentamos. En ella dice que las “ciudades tienen la capacidad de proveer algo para todos, desinteresadamente, siempre y cuando, sean creados por todos”. Esta frase se pone diariamente a prueba, en nuestra vida cotidiana y en particular derivado de que las ciudades son el reflejo territorial de la dinámica social y económica en la que estamos inmersos. En un mundo en donde, de acuerdo a Oxfam, las 8 familias con mayor poder monetario en el mundo tienen el mismo monto de recursos que el 50 % de la población más pobre del planeta, no es de extrañarse que las ciudades repliquen la misma dinámica de desigualdad.

La misma Jane Jacobs decía que las ciudades tenían que buscar ser “densas, diversas y dinámicas”. En mi opinión estas tres palabras representan los principales retos que tienen nuestras ciudades para poder atender las necesidades y sueños de la gente que vive e inmigra. Trataré de ahondar en cada uno de estos retos y sus implicaciones:

 

Ciudades Densas

La forma de las ciudades refleja y, a la vez, determina las relaciones de sus habitantes. Una ciudad densa genera que las personas estemos cerca y que, por lo tanto, nuestros viajes cotidianos hacia la escuela, el trabajo o de recreación se realicen de manera más fácil. Las ciudades densas y conectadas contrastan con el modo en el que las ciudades mexicanas actuales se están desarrollando. ¡Tenemos ciudades en donde el promedio de traslado y tráfico diario ronda entre el 5 % y 15 % del tiempo del día! Es decir, en zonas metropolitanas como la de Ciudad de México estamos destinando 3 horas promedio en trasladarnos. Casi 10 años con sus días y sus noches. Esta forma de planear ciudades disminuye la productividad económica y afecta nuestras relaciones sociales (i.e. mayor índice de divorcios por tráfico, etc.). Varias ciudades de Europa (ie. Amsterdam, Barcelona, etc) cambiaron la tendencia en la que nos encontramos hoy y han logrado ciudades más seguras, productivas y próximas a través de políticas urbanas que favorecen la cercanía.

Ciudades Diversas

Para que las ciudades sean generosas, tenemos que tener la capacidad de desarrollar las condiciones institucionales para poder escuchar y generar espacio de crecimiento para todos. Las circunstancias urbanas actuales crean ambientes desiguales de acceso y seguridad para ciertos grupos sociales de la población (i.e. adultos mayores, mujeres, personas con discapacidad, etc.). Estos grupos sociales son excluidos del proceso de participación y, por tanto, tienen acceso diferenciado a oportunidades. Estudios preliminares que WRI México se encuentra realizando apunta a que por cada empleo formal en las cercanías del 20 % de la población de menores ingresos existen 9 empleos formales cerca del 20 % de la población de mayor ingreso. Es decir, las condiciones de acceso para la gente de alto ingreso es 900 % mayor. La planeación de nuestras ciudades no debe de representar una barrera de movilidad social más. Debemos de generar las condiciones urbanas para que en la ciudad quepamos todos y para que las oportunidades se repartan de manera más equitativa. Es necesaria una política de vivienda que permita incluir a la población de escasos recursos cerca de donde se encuentra el empleo, la salud, la educación y los espacios públicos.

Ciudades Dinámicas

La forma de la ciudad y cómo funcionan los servicios/equipamientos (i.e. escuelas, hospitales, parques, etc.) determinan el número de viajes, número de intercambios monetarios, número de interacciones humanas (i.e. palabras, abrazos, etc.) etc. De cierta manera, acotándolo al término monetario, la ciudad determina la velocidad y valor de nuestro dinero. Una ciudad mejor planeada y con un mejor sistema monetario permite mayores transacciones y creación de alto valor. Es por ello que una calle peatonal como Madero en la Ciudad de México, en donde circulan alrededor de 200,000 personas diarias, es la calle de mayor valor comercial de todo el país. Este efecto se tiene que replicar en nuestras ciudades, generar las condiciones para que el número de viajes se multiplique y con ello el valor. Sin embargo, las estructuras actuales apuntan a un efecto contrario. Existe una tendencia a promover comunidades cerradas, expansión urbana, sistemas de transporte ineficiente, etc. Esta tendencia hace que algunos estudios realizados por el Instituto de Ingeniería de la UNAM apunten que el 25 % de la población de la Ciudad de México se encuentre en condiciones de inmovilidad. Este dato es importante debido a que refleja que 1 de cada 4 personas está excluida del sistema social y económico de nuestras ciudades. El estudio, reconocimiento y atención adecuada del fenómeno de inmovilidad podría generar un impacto económico y de distribución positivo al ampliar el capital humano disponible para trabajo, consumo y vida pública.

Una política urbana que genere las condiciones de densidad, diversidad y dinamismo es una situación en donde ganamos todos. En nuestra vida pública se gestan condiciones de mejor calidad de vida y acceso a oportunidades, en nuestra vida laboral se genera mayor dinamismo económico y en nuestra dimensión social se tiene la capacidad de desarrollar mayor cohesión comunitaria y seguridad. La nueva agenda urbana de Naciones Unidas y la nueva Ley General de Desarrollo Urbano apuntan a modificar la forma de hacer ciudad para construir ciudades que funcionen para todos. Esto es imperativo toda vez que, en 2050, más del 50% de la población del país tendrá más de 50 años. Tenemos que construir ciudades hoy, para preparar ese futuro en donde la gran mayoría de la población tendrán condiciones de movilidad reducida. ¿En qué tipo de ciudad te gustaría vivir en ese futuro cercano? ¿En qué condiciones físicas y económicas te encontrarás en 2050? ¿La ciudad en donde vives te abrirá sus puertas o te dará la espalda?

 

*Este artículo fue publicado originalmente en Animal Político