El agua y la ciudad: los beneficios de la Nueva Economía Climática en la Ciudad de México

La Ciudad de México se enfrenta a grandes retos como inundaciones y sequías provocadas por el cambio climático. (Foto: Kasper Christensen/Flickr)

La Zona Metropolitana del Valle de México se enfrenta a un dilema con dos vertientes. La intensidad de las lluvias ha aumentado en años recientes, ejerciendo una presión desmedida sobre los sistemas urbanos de desagüe y propiciando, en consecuencia, inundaciones severas en zonas bajas de la ciudad. Al mismo tiempo, la disponibilidad de agua para el consumo cotidiano ha disminuido.

Ambos problemas están altamente correlacionados con el cambio climático. Sin embargo, también guardan una relación con la expansión de la mancha urbana y la falta de medidas adecuadas de adaptación de largo plazo. Así, esta situación arroja luz sobre los efectos del cambio climático en las grandes urbes, además de las oportunidades y retos que enfrentan las ciudades del mundo en los años por venir.

Las consecuencias de un clima cambiante

Los cambios en los patrones de precipitación en la capital mexicana siguen la tendencia que los estudios científicos predicen para otras partes del mundo: los episodios de lluvia son cada vez son más intensos, pero también más cortos y esporádicos. Así, los datos de la Organización Meteorológica Mundial arrojan que ha habido un aumento sostenido en la intensidad de las lluvias desde principios del siglo XX. Tan solo la tarde del pasado miércoles 28 de junio, 7.5 mil millones de litros de agua de lluvia cayeron sobre la ciudad.

Además, las temperaturas en la Ciudad de México han aumentado. Se ha observado un aumento significativo en la frecuencia de las ondas de calor a partir de finales del siglo XIX. Para 2030, se espera que las temperaturas durante los meses más fríos aumenten en 1.25°C.

La combinación de estas dos tendencias expone a la ciudad al riesgo de inundaciones y a una crisis de estrés hídrico sin precedentes. El aumento en las temperaturas incentiva la demanda de agua en una ciudad donde cerca del 20 por ciento de sus residentes carecen de acceso diario y constante a agua entubada. La probabilidad de que ocurran sequías es más alta debido a una evaporación más rápida de los lagos, los ríos y las presas. Asimismo, lluvias más intensas y esporádicas interrumpen el proceso natural de filtración que permite que los mantos acuíferos de la ciudad puedan recargarse. 

La expansión de la mancha urbana contribuye a agravar la potencial amenaza en ciernes. Extraer, transportar y bombear el agua necesaria para proveer servicios básicos a toda la ciudad es ya un gran reto por sí mismo. La ciudad importa cerca del 37 por ciento del agua desde fuentes remotas y el 35 por ciento de dicha agua se pierde debido a fugas y ordeña a lo largo de miles de kilómetros de tuberías. La falta de un desarrollo urbano compacto eleva el costo de transportar agua hacia y desde la ciudad y aumenta la probabilidad de pérdidas durante su traslado.

El crecimiento descontrolado de la ciudad frecuentemente ocurre a costa de suelos de conservación —la mayoría de los cuales se ubican al sur de la ciudad— y de las áreas montañosos que rodean al Valle de México. Los suelos de conservación proveen a la ciudad de servicios ecológicos altamente valiosos: permiten que los suelos puedan filtrar adecuadamente el agua de lluvia, a fin de que ésta pueda llegar a los mantos acuíferos. De tal forma, cubrir dichas áreas con asfalto interrumpe los procesos naturales de filtración del agua y abona a los problemas del drenaje urbano.

Normalmente, las áreas boscosas en las laderas de las montañas y cerros permiten el escurrimiento del agua de lluvia hacia las presas y los lagos. Sin embargo, los asentamientos irregulares ubicados en zonas altas obstaculizan el flujo natural de escurrimiento del agua e incrementa el azolve de los cuerpos de agua. Más grave aún, las comunidades que ahí se establecen se vuelven cada vez más vulnerables ante deslaves y otros desastres.

Acelerando la Transición hacia una Nueva Economía del Clima

Un pilar importante de la Nueva Economía del Clima —que nos permita promover el crecimiento económico y combatir el cambio climático al mismo tiempo— consiste en construir ciudades más compactas y sustentables, con gobiernos más coordinados. Hay una serie de áreas de oportunidades que permitirían a la Ciudad de México obtener grandes beneficios ambientales, económicos y sociales:

  1. Utilizar todos los instrumentos de política pública a nuestra disposición para densificar la ciudad y detener la expansión de la mancha urbana. Una urbe más compacta y conectada es una de las maneras más efectivas de reducir la presión a la que son sometidos los sistemas urbanos de drenaje y manejo de agua.

  2. Privilegiar el transporte público como base de una ciudad baja en carbono. El sector transporte contribuye con 46 por ciento de las emisiones totales en la Ciudad de México. Debemos poner al transporte público en el centro de las políticas de desarrollo urbano.

  3. Promover medidas para detener la expansión de la mancha urbana a costa de suelos de conservación y áreas boscosas en montañas y laderas. El ciclo del agua está siendo interrumpido por asentamientos urbanos que obstruyen la filtración adecuada a través de los suelos y el escurrimiento a lo largo de laderas y montañas.

  4. Mejorar los planes existentes de adaptación. Necesitamos soluciones innovadoras para crear un modelo de manejo de agua que permitan a las ciudades satisfacer las necesidades futuras de la humanidad de una manera sustentable. Una creciente población en la ciudad —2 millones habitantes de habitantes más para 2030— y la agudización del cambio climático van a complicar aún más la situación. Es posible diseñar sistemas de captación de agua de lluvia que operen en paralelo a los sistemas urbanos de drenaje, contribuyendo a asegurar un suministro constante de agua entubada.

Las megaciudades como la Ciudad de México ofrecen una gran oportunidad para transformar el modelo actual de desarrollo urbano hacia patrones más sustentables. Promover los cambios correctos de política pública no sólo contribuye a nuestros esfuerzos para mitigar y adaptarse al cambio climático, sino que también trae otros valiosos beneficios, como mayor acceso a servicios de electricidad, sanidad y vivienda. Sin embargo, nuestro margen de maniobra es cada vez más reducido. Debemos actuar ahora para prevenir las peores consecuencias del cambio climático y así garantizar un futuro mucho más saludable, seguro y productivo para todos.

 

Tomislav Lendo es Director Ejecutivo de la Fundación Desarrollo Humano Sustentable.

Ricardo Smith es Asesor en la Fundación Desarrollo Humano Sustentable.