Espacios públicos: 10 principios para una mejor renovación urbana (Pista: piensa en la comunidad)

La calle 20 de noviembre en la CDMX fue intervenida para fomentar la caminata y el uso de la bicicleta. (Foto: Atzimba/Flickr)

Nada es para siempre… si no tomamos en cuenta la conservación y la preservación. En el caso de las ciudades funciona igual. Cualquier intervención urbana debe tomar en cuenta el contexto social, medioambiental, de salud e, incluso, de reactivación de la economía local. Tomando esto en cuenta, las prácticas de renovación, recalificación, revitalización y rehabilitación pueden usarse para solucionar de manera proactiva un amplio espectro de problemas.

Primero debemos entender los términos que normalmente se utilizan como sinónimos aunque no signifiquen lo mismo. Por ejemplo, hablar de “revitalización” se trata de recuperar los espacios o construcciones existentes; la “renovación” es reemplazar o reconstruir y cambiar el uso; “recalificar” es añadir nuevas funciones al tiempo que se mejora la apariencia; y la “rehabilitación” se entiende como una restauración sin modificar la función del lugar. Cada uno de estos procesos otorga resultados diversos, sin embargo, todos tienen el mismo fondo: transformar los espacios urbanos para rejuvenecerlos.


Los proyectos de renovación urbana son más exitosos cuando se contempla la participación ciudadana. (Foto: Elisa Grecko/Flickr)

Este tipo de proyectos son muy populares para resolver necesidades económicas, sociales o ambientales de forma puntual, pero suelen realizarse de formas complicadas que dificultan su éxito. Y esto sucede porque estos proyectos necesitan comunidades participativas que los acepten y no que sean llevados a cabo por asociaciones público-privadas con pocos mecanismos de retroalimentación hacia los vecinos. Esta es una de las críticas más frecuentes a estos tipos de intervenciones, sobre todo cuando se conciben y construyen grandes proyectos sin conexión con la realidad local.

Los nuevos modelos de transformación urbana deben reconocer que la responsabilidad de los cambios urbanos no puede caer en un solo actor, organización, institución o sector; los cambios deben ser liderados por coaliciones y movimientos formados en la diversidad, tanto por el lado de la demanda como por el de la oferta.


Renovación de la calle Regina en el centro histórico de la CDMX. (Foto: Eneas de Troya/Flickr)

La consultora australiana SGS Economics & Planning realizó un informe en el que presenta 10 principios que se deben tomar en cuenta para proyectos de renovación urbana. Este informe está basado en diversos estudios de casos en diferentes ciudades como Londres, Sidney, Melbourne, Hamburgo y Nueva York. La investigación arrojó que gran parte de las críticas a los proyectos de renovación urbana son por no tomar en cuenta la perspectiva y contribución de las comunidades afectadas. Hacer procesos de participación más incluyentes podría mejorar las tasas de éxito. Aunque este informe se centra en la renovación, los principios expuestos también pueden utilizarse para proyectos de revitalización, recalificación y rehabilitación.

  1. Crea “valor compartido”

Las áreas urbanas no pertenecen a un solo grupo; deben pensarse en el valor que ofrecen a diversos actores; niños, estudiantes, turistas, trabajadores, desempleados y empresarios deberían beneficiarse de los proyectos de renovación en su ciudad. “Al final, las comunidades para las que se realizan estos proyectos deben ser las que tengan intereses a largo plazo y no actores pasajeros con un enfoque centrado en la extracción del valor”, escriben los autores del informe.

  1. Piensa en todos

Compartir el valor generado requiere de la participación de las comunidades. Los planificadores que busquen intervenir un espacio existente deben compartir su visión e incluir a los vecinos desde el primer día… o arriesgarse al rechazo del proyecto. Las cuestiones técnicas para la toma de decisiones como el análisis costo-beneficio deben ser explicadas y utilizadas para promover aquellos valores más allá del tema financiero, generando un sentido de apropiación del espacio por parte de la comunidad. Los investigadores también sugieren la creación de una plataforma común con información sobre el proceso y el progreso del proyecto que se comparta de forma transparente entre los involucrados.


El parque Superkilen en el barrio de Nørrebro en Copenhague ofrece elementos que representan a cerca de 50 nacionalidades. (Foto: Bjarke Ingels Group/Flickr)

  1. Construye una visión a largo plazo

En cualquier proceso de renovación urbana de gran tamaño, los objetivos iniciales pueden modificarse con el paso del tiempo. Aun así, se podría blindar una visión a largo plazo que, al mismo tiempo, fuera flexible a algunos cambios mientras se ejecuta el proyecto. “El compromiso con el interés público y el valor compartido debe ser inclusivo y las etapas futuras deben ser capaces de adaptarse a los cambios sociales y del mercado”, de acuerdo con los autores.

  1. Mínimos no negociables

Cada proyecto cuenta con cuestiones que no están disponibles para su negociación, sin embargo, éstas deben ser comprendidas por todas las partes involucradas; por ejemplo, la protección de espacios públicos o las rentas máximas que permitan viviendas asequibles; los derechos de los vecinos deben garantizarse y las partes deben estar de acuerdo con un mínimo común irreductible de normas de diseño.

  1. Acuerda el perfil financiero

Establecer desde el principio la perspectiva financiera del proyecto de renovación no sólo sirve para establecer parámetros, sino que es fundamental para descubrir si el interés público es prioridad. Hay muchas opciones para proporcionar retornos de inversión en zonas marginadas y para salvaguardar a las comunidades de los potenciales efectos secundarios como el aumento de impuestos y alentar un mayor interés de desarrolladores privados en la zona a intervenir.

  1. Establece objetivos de desarrollo claros

El proceso de planificación debe contar con objetivos claros más allá de los resultados esperados. Los objetivos deben ser específicos y medibles, y se deben anticipar a los resultados físicos, económicos y sociales del proyecto.

  1. Genera opciones enfocadas en cumplir con los objetivos

Normalmente, un objetivo cuenta con múltiples opciones para lograrlo, por lo que debemos tomar en cuenta los diferentes caminos y compararlos, incluyendo escenarios que contemplen no intervenir ese espacio. Al generar estos procesos se generará “una imagen mucho más clara de los beneficios externos y los costos asociados con cualquier opción de intervención”, explica el informe.


El High Line Park de Manhattan está construído sobre vías ferroviarias en desuso. (Foto: Mike Peel/Wikimedia)

  1. Genera un sentido de pertenencia

Las particularidades locales deben incorporarse en el nuevo proyecto; estos detalles pueden provenir del contexto local, los servicios que se ofrecen en el área, el medio ambiente, el clima u otras cuestiones socioculturales. Lograr formas de asimilar este sentido de pertenencia al proyecto ayudará a que los vecinos se identifiquen con él y la comunidad lo acepte.

  1. Evalúa las opciones que permitan maximizar los beneficios a la comunidad

Aunque los análisis de costo-beneficio son vistos con recelo, la investigación señala que hay técnicas bien documentadas que permiten incluir las cuestiones más importantes para la comunidad como el espacio público, el capital social y el patrimonio. Encontrar la manera de incorporar esto en el análisis de costo-beneficio puede evitar que la comunidad elija otras opciones menos favorables.

  1. Alinear los modelos de adquisición a la planificación

Es fundamental que los procesos de gobernabilidad, implementación y contratación se alineen con la visión establecida durante la etapa de planificación. Las adquisiciones deben hacerse “a la medida”, tomando en cuenta los consensos logrados aunque esto signifique una mayor participación del gobierno como desarrollador durante las primeras etapas, antes de entregar el proyecto al sector privado.

“Estos principios no son la única opción, pero son principios rectores que pueden asegurar que los proyectos de renovación urbana beneficien a la comunidad más amplia posible”, afirma el estudio. “La renovación de áreas urbanas de importancia estratégica debe tomar en cuenta las necesidades de cada comunidad como eje central del proyecto”.

 

*Traducción del texto original publicado en TheCityFix Brasil.