4 sorprendentes maneras en las que reducir velocidades crea mejores ciudades

Peatones toman precauciones por las altas velocidades en esta intersección de Bangkok, Tailandia. (Foto: Bernard Spragg/ Flickr)

Los hechos de tránsito matan a 1.25 millones de personas al año y generan discapacidades permanentes a millones más. No importa de qué parte del mundo hablemos, la velocidad es un factor frecuente.

Las muertes y lesiones graves son el resultado más visible y doloroso de la falta de seguridad vial; hemos perdido más por las altas velocidades de los autos de lo que nos percatamos. El miedo de los niños a jugar en las aceras, caminar a la escuela o aprender a andar en bicicleta; el altísimo gasto que hacen las personas en transporte por no sentirse seguras de utilizar una bicicleta, entre otros.

Las altas velocidades de los automóviles pueden limitar la actividad física, el uso de los espacios públicos y la calidad de vida de toda la sociedad; pero los impactos afectan más a las personas menos favorecidas. Los residentes de bajos ingresos suelen vivir cerca de vías de alta velocidad al tiempo que son más dependientes de caminar, andar en bici o utilizar el transporte público, exponiéndose más a los peligros de las altas velocidades de los coches. Estos impactos negativos son aún más visibles en países en desarrollo donde la motorización está aumentando dramáticamente y no se está regulando la velocidad.

Desafortunadamente, este escenario es –literalmente– una cuestión de vida o muerte. Pero estableces velocidades más seguras en zonas urbanas no sólo salva vidas, también puede generar otros beneficios en el proceso:

Velocidades bajas salvan vidas

Reducir la velocidad 1.6 km/h (1 mph) se traduce en una disminución del 6% en las muertes por tránsito. Esto se debe a una combinación de razones; por un lado, las altas velocidades provocan “visión de túnel” y una disminución en la percepción de profundidad para los conductores, por lo que velocidades más bajas aumenta el campo de visión y hace más fácil para los conductores el ver a otros usuarios de la vía.


Ejemplo de la reducción del campo de visión de un conductor con respecto a su velocidad. (Gráfica: Equipo de Seguridad Vial y Salud de WRI. Imagen: Google Street View)

Además, en caso de incidente, las consecuencias serán menos graves, especialmente si se trata de usuarios vulnerables (peatones, ciclistas o motociclistas). Un peatón tiene el 90% de posibilidades de sobrevivir si es atropellado por un vehículo a 30 km/h; sus probabilidades disminuyen al 70% si es impactado a 40 km/h y a 20% si el incidente ocurre a 50 km/h.

Las bajas velocidades también permiten que los conductores frenen en una distancia más corta

La distancia de frenado es una combinación entre el tiempo de reacción del conductor y la distancia que tarda el vehículo en frenar después de apretar el pedal. A mayor velocidad, un auto se desplazará más distancia lo que provocará que la velocidad del impulso en el punto del incidente sea más alta, reduciendo las probabilidades de supervivencia.

Los límites de velocidad no necesariamente provocan viajes más largos

Es común que las personas consideren que la disminución de velocidades en zonas urbanas aumentará considerablemente los tiempos de viaje; sin embargo, la velocidad media en las ciudades está más determinada por la frecuencia de intersecciones que por los límites de velocidad.

Al contrario de lo que se piensa, un límite de velocidad más seguro puede lograr velocidades más constantes y reducir la aceleración peligrosa entre cuadras, mientras que afecta poco el tiempo de viaje total. Una investigación realizada en Grenoble, Francia, demostró que un límite de 30 km/h en lugar de uno de 50 km/h sólo añadió 18 segundos al tiempo total de traslado.

Incluso, límites bajos de velocidad pueden ayudar a reducir la congestión en algunos casos, ya que disminuyen la posibilidad de generar cuellos de botella; por ejemplo, en Sao Paulo, la reducción en los límites de velocidad en vías principales redujo la congestión un 10% durante el primer mes de implementación; además de reducir significativamente las muertes relacionadas.

Velocidades más seguras promueven comunidades más saludables

Reducir la velocidad de los automóviles crean un ambiente más cómodo para peatones y ciclistas; carriles más estrechos, aceras más anchas, cruces peatonales a nivel y extensiones de las esquinas también proporcionan más espacio para los peatones y facilitan el cruce de las calles, como lo demuestra la guía Ciudades más seguras mediante el Diseño.

Con una infraestructura que disminuye las velocidades, las ciudades pueden observar tendencias positivas en sus residentes, quienes optan por caminar o andar en bicicleta en lugar de tomar su auto. Actualmente Londres ha implementado estas medidas para fomentar más viajes a pie y anticipa beneficios económicos y en la salud de sus habitantes. Estudios realizados en Estados Unidos han encontrado un posible ahorro de 5 mil 600 millones de dólares en gastos de atención médica si 1 de cada 10 adultos comenzaran a caminar de forma regular. Además, cada ciudadano que deja su auto se traduce en menos emisiones y en la disminución del riesgo de colisiones de tránsito.

La reducción de velocidad mejora la economía

Diversos estudios han demostrado que las calles atractivas para peatones y ciclistas son más vibrantes y económicamente más exitosas que aquellas con grandes volúmenes de tránsito rápido. Entre otros, los beneficios incluyen aumento de plusvalías y ventas, impulsando la economía local. Por ejemplo, el “adelgazamiento” de los carriles en las calles del distrito Misión en San Francisco, EE. UU., provocó un aumento de casi el 60% en las ventas de los minoristas y un crecimiento en ventas totales de la zona de casi el 40%. La calle Kensington en Londres es otro ejemplo de esto, las mejoras en seguridad vial y diseño provocó un aumento del 13% en el precio de los departamentos de la zona; las estimaciones de crecimiento en ventas se contabilizan en millones de libras por un mejor acceso peatonal a las tiendas de la zona.

El camino es claro: disminuir las velocidades mejora la calidad de vida de todos los habitantes de una ciudad.

 

*Artículo publicado en TheCityFix.com