#Slowdown | Mayor velocidad no (siempre) es igual a menor tiempo de traslado

El equipo de WRI México se sumó a la Semana Mundial por la Seguridad Vial.

Cuando pensamos en velocidad, la lógica nos indica que a mayor velocidad podremos recorrer mayor espacio en menor tiempo, sin embargo, ¿esto funciona igual cuando nos referimos a la velocidad de automotores en las ciudades?

La premisa expuesta arriba funciona en lo que se conoce como “sistemas cerrados” (como lo veíamos en la caricatura de El Correcaminos), es decir, donde la aceleración es lineal y constante, sin interacción de agentes externos; sin embargo, las ciudades son todo lo contrario: son “sistemas abiertos” donde confluyen una gran cantidad de elementos.


Ejemplos de un sistema cerrado (circuito de F1) y uno abierto (cualquier calle).

Los vehículos a motor (autos, taxis, buses de transporte público, motos, etc.) que se mueven en una ciudad deben adaptarse a semáforos, vueltas, congestión vehicular, cruces peatonales, calles en mal estado, apropiaciones del espacio público (como manifestaciones), incidentes viales, pendientes, vados, etcétera. Esto nos obliga a repensar la lógica de la velocidad en un sistema abierto.

¿Diferencia real?

Incrementar los límites de velocidad en zonas urbanas no significa que llegaremos más rápido a nuestros destinos; de hecho, fomentar mayores velocidades sólo aumenta la probabilidad de verse involucrado en un incidente vial.

Disminuir los límites de velocidad no aumenta significativamente nuestro tiempo de viaje; la guía Ciudades más seguras mediante el diseño demostró —con un experimento realizado en Grenoble, Francia— que la diferencia en el tiempo de recorrido entre uno con límite de velocidad de 30 km/h y el mismo viaje con límite de 50 km/h fue de sólo 18 segundos, mientras que la diferencia de velocidad promedio apenas fue de 1.6 km/h.

Sin embargo, también se ha demostrado que reducir los límites de velocidad aumenta la seguridad para todos los usuarios del espacio público, sobre todo por dos razones:

  1. A menor velocidad mayor grado de visión (aumenta nuestra percepción y velocidad de reacción).
    A 35 km/h el conductor de un vehículo motorizado tiene un campo de visión de 104° y sólo necesita cerca de 15 metros para reaccionar y frenar. Mientras que a 50 km/h el campo de visión disminuye a alrededor de 60° y se requieren cerca de 30 metros para reaccionar y frenar completamente.

  2. Se reducen las probabilidades de provocar lesiones severas o mortales.
    Y mientras que la probabilidad de fallecer por atropellamiento a 30 km/h es prácticamente nula (inferior al 15%), a 60 km/h la probabilidad aumenta más del 80%.

Es claro que no salimos de nuestros hogares pensando en matar o morir por un hecho vial, sin embargo, el riesgo es real; el año pasado en la Ciudad de México, cerca del 33% de los hechos viales estuvieron relacionados con la velocidad, siendo la primera causa de incidentalidad, de acuerdo con la Secretaría de Movilidad local.

Si, ante un error, nos vemos envueltos en un hecho de tránsito y la diferencia de tiempo en llegar a nuestro destino es de menos de 20 segundos, pero la probabilidad de fallecer aumenta en más del 50%, ¿por qué seguimos actuando como El Correcaminos?, no estamos en una caricatura, mucho menos es ficción.

#ReduceLaVelocidad