La importancia de los Planes Integrales de Movilidad Urbana Sustentable

Mexibús, BRT del Estado de México. (Foto: mariordo59/Flickr)

Durante los últimos tres meses, el gasolinazo ha sido el centro de las discusiones, desde el clásico “si hubiera mejor transporte público...” hasta “las materias primas y productos se mueven en camiones que usan combustible, por lo que los aumentos de los precios nos terminan afectando a todos”. Muchas de estas opiniones surgen porque no entendemos los verdaderos problemas de movilidad en las ciudades debido al uso excesivo que le damos a los vehículos propulsados por combustibles fósiles, sobre todo los autos particulares, ya que somos los dueños de éstos quienes tuvimos que absorber la eliminación del subsidio a las gasolinas. Es en este punto donde nos debemos preguntar: ¿cuáles son los problemas de movilidad que padecen las ciudades mexicanas?, ¿qué se está haciendo para solucionar estos problemas?, ¿qué están haciendo otros países para planear y proponer mejores soluciones de movilidad? Podemos encontrar respuestas a algunas o todas estas preguntas en los Planes Integrales de Movilidad Urbana Sustentable (PIMUS).

Los PIMUS son herramientas de planeación, implementación y control que integran un conjunto de acciones que tienen como objetivo la implantación de formas de movilidad sostenibles y seguras; que hagan compatible el crecimiento económico, la cohesión social y la defensa del medio ambiente con una mejora del entorno urbano y de la calidad de vida.

Los PIMUS permiten a las autoridades de las ciudades atender de manera informada las necesidades de movilidad de sus ciudadanos, ya que dan claridad sobre las diferentes problemáticas de movilidad que la población padece y apoyan la toma de decisiones sobre las acciones a realizar para mitigarlos. Pero, sobre todo, dan a la población local el poder de incidir, a través de talleres de participación ciudadana, en la elaboración de las políticas públicas en materia de movilidad y en la construcción de estrategias, incluso durante la ejecución de las acciones para resolver los problemas de movilidad.


Ejercicio ciudadano de urbanismo. (Foto: Secretaría de Movilidad de Medellín/Flickr)

¿Cómo se mueven las ciudades mexicanas?

Actualmente, la movilidad en las ciudades mexicanas se caracteriza por unos patrones de movilidad determinados por largas distancias de viaje y un continuo crecimiento tanto del nivel de motorización como de la mancha urbana, lo que nos ha llevado a tener ciudades dispersas y caóticas. Esto se debe, en buena parte, a la falta de integración en la planeación de las ciudades, del desarrollo urbano, la movilidad y el desarrollo económico.

  • Entre 2000 y 2012, México experimentó un crecimiento poblacional total del 20 por ciento. En ese mismo periodo, el parque vehicular se duplicó, al pasar de 15.6 a 35 millones de unidades y la tasa de motorización pasó de 160 a 300 vehículos por cada 1,000 habitantes.
  • De los 23 millones de automóviles particulares, el 72 por ciento se encuentra en las zonas metropolitanas, entre las que destacan el Valle de México, Monterrey y Guadalajara con un 40 por ciento del total de automóviles privados (un promedio de 300 autos por cada 1,000 habitantes). En estas zonas, el transporte privado es el medio por el cual se realizan el 29, 42 y 40 por ciento de los viajes, respectivamente; presentando serios problemas de movilidad que se manifiestan en más viajes, mayores distancias, congestión vial, bajas velocidades y pérdidas económicas.
  • El transporte público concesionado al sector privado (microbuses, colectivos, autobuses y taxis) es la columna vertebral de la movilidad en las ciudades. Por ejemplo, en la Zona Metropolitana del Valle de México, el 44 por ciento de los 21.6 millones de viajes al día en transporte público se realizan en microbuses o colectivos y el 11 por ciento en taxis.
  • El gasto en transporte es la segunda variable en la que los hogares ocupan sus ingresos, representando en promedio el 18.5 por ciento del ingreso monetario total. Además, los costos del viaje en transporte público son muy desiguales a lo largo del país: un viaje en la Ciudad de México representa el 12.5 por ciento de un salario mínimo, mientras que en otras zonas metropolitanas, el porcentaje rebasa el 22 por ciento, como en Mexicali o Puebla.

Benchmarking en movilidad

En otros países de Latinoamérica la situación no es diferente. Sin embargo, hay ejemplos que nos deberían guiar mediante el conocimiento y adopción de sus buenas prácticas. Por ejemplo, Brasil estableció desde el año 2012 la política nacional de movilidad urbana como ley. En ésta, se incluyen los instrumentos de desarrollo urbano nacionales, que tienen como objetivos la integración entre los diferentes modos de transporte, la mejora de la accesibilidad y la movilidad de personas y mercancías. Dentro de la ley, se establece el Plan de Movilidad Urbana como una herramienta para la realización de los principios, directrices y objetivos de dicha política y establece las obligaciones para las ciudades en atender este tema.


Macrobús, BRT en Guadalajara, Jalisco. (Foto: ITDP/Flickr)

En el caso de México, en el 2016 se aprobó la Ley General de Asentamientos Humanos, Ordenamiento Territorial y Desarrollo Urbano, que sustituyó a la Ley General de Asentamientos Humanos, vigente desde hace más de 20 años y prácticamente obsoleta. Para México, la novedad en la legislación es que se incorpora el término “movilidad”; sin embargo, el problema es la falta de claridad sobre quién tiene la obligación de aplicar esta ley; haciendo que, a pesar de contar con una ley más adecuada al contexto actual del país, la planeación de la movilidad siga siendo iniciativa de estados y municipios. A diferencia del caso de Brasil, donde por ley y desde el ámbito federal se establece la obligatoriedad de los planes de movilidad para ciudades mayores a 20 mil habitantes, en caso que soliciten recursos federales para proyectos de movilidad.

A pesar de lo anterior, el desarrollo de los PIMUS en México vive un auge desde el 2008 a través del Programa de Apoyo Federal al Transporte Masivo (PROTRAM), debido a que, para poder aplicar para la obtención de recursos, es necesario que las ciudades cuenten con un PIMUS donde se incluya el desarrollo de proyectos de infraestructura de transporte.

Por desgracia bajo este enfoque, los PIMUS únicamente han servido para la obtención de recursos para el desarrollo de proyectos de corredores de transporte tipo BRT, olvidando integrar el desarrollo urbano, la movilidad y su institucionalidad a la planeación. Es importante recalcar que, en 2014, por ejemplo, menos del 5% de los fondos se utilizaron para proyectos de transporte no motorizado –el 4% para infraestructura peatonal y menos del 1 por ciento para infraestructura ciclista, dejando fuera otras prioridades como la seguridad vial.

La movilidad como eje para mejorar la calidad de vida urbana

 

La movilidad sustentable de las ciudades y zonas metropolitanas de México debería permitir que los ciudadanos eleven su calidad de vida y se trasladen de un lugar a otro en el modo que decidan de manera segura, eficiente y confortable. En el marco de los PIMUS, se piensa en un modelo de ciudad denso y compacto, en el que los servicios sean atendidos dentro de las principales áreas urbanas de manera eficiente y adecuada, prescindiendo del uso intensivo de los vehículos motorizados privados. Esto permitiría fortalecer el tejido social, activar la dinámica económica local, elevar la competitividad de la ciudad, aumentar la productividad del empleo y ser ciudades sustentables y sostenibles.

Mejorar las condiciones en las que las personas se mueven en su ciudad no puede ser resultado de implementar un proyecto de transporte aislado o de la construcción de vialidades con más carriles (políticas de reacción y orientadas al vehículo privado). Es necesario que se desarrollen soluciones integrales que formen sistemas de movilidad eficientes, para lo que es de gran relevancia dar la jerarquía debida al proceso de planeación y construcción de un plan de movilidad, con el objetivo de establecer las bases de las políticas públicas y de organización institucional. Para que los PIMUS logren su cometido, es importante tomar en cuenta las siguientes recomendaciones:

  • Entender y ver a la ciudad como un todo, de manera integral, para servir al interés común de quienes la habitan.
  • Establecer un plan de comunicación y participación social en la construcción del plan de movilidad, desde la preparación hasta la implementación y revisión.
  • Construir planes de movilidad que incorporen las demandas reales de la sociedad y aquellos problemas identificados en los estudios previos, evitando que estos sean meros tramites.
  • Plantear las acciones y soluciones de movilidad de acuerdo con el contexto de cada ciudad, de tal manera que resuelvan las necesidades de la población y no para mejorar la imagen o satisfacer los caprichos de las autoridades locales.


Centro de Transferencia Modal Buenavista, CDMX que integra Metro, Metrobús, Tren Suburbano y Sistema ECOBICI. (Foto: Mariana Gil/EMBARQ Brasil)

El gasolinazo es el momento coyuntural idóneo para resolver parte de los problemas que enfrentamos y seguiremos enfrentando en materia de movilidad, desarrollo urbano y economía local en el corto y mediano plazo. Por ello, toca construir planes de movilidad que nos ayuden a resolver los problemas de las ciudades en esta materia, no olvidando que la mejor manera de construir estas herramientas es en conjunto con los habitantes de las mismas y quienes las ocupan todos los días. Instrumentos como los PIMUS deben tomar como ejemplo las mejores prácticas en otros países, sobre todo aquellas referentes a la legislación federal, sin olvidar que México tiene su propio contexto. Pero, sobre todo, deben tener como fin último mejorar la calidad de vida de las personas que habitamos las ciudades mexicanas.