Ecobici, siete años y la movilidad en bicicleta en la CDMX

Cicloestación en CDMX con una intervención de street art. (Foto: Iván de la Lanza/Instagram)

De la voluntad política a la política pública; ¿la bicicleta como un medio de participación ciudadana?

“Existen dos tipos de ciudades; las que, a través de los años y las mutaciones, siguen dando forma a los deseos y aquellas en las que los deseos logran borrar la ciudad o son borrados por ella”.
Italo Calvino en Ciudades Invisibles.

 

16 de febrero de 2010 – 16 de febrero de 2017

Hace siete años comenzó uno de los ciclos más emocionantes de mi vida y la vida de miles de habitantes de la Ciudad de México: la implementación del Sistema de Transporte Individual ECOBICI.

Ser parte de este proyecto desde gobierno me permitió vivir los grandes retos, los logros y, sobre todo, las preguntas sin respuesta que nos hacemos todos: vecinos a favor y en contra del proyecto, ciclistas, peatones, automovilistas e, incluso, las autoridades responsables de hacer realidad este proyecto.

Después de siete años de funcionamiento, más de 40 millones de viajes y 240 mil usuarios, ECOBICI sigue generándome preguntas más allá de las bicicletas, ¿cuáles son las visiones de ciudad que compartimos?, ¿cómo las consolidamos?, incluso, la Ciudad de México nos entrega una fina ironía para quienes, en algún momento, dudamos de la viabilidad de este sistema de bicicletas públicas.

¿Qué son siete años?, en la escala humana es un momento de definición; ECOBICI –y en general, la movilidad en bicicleta en la Ciudad de México– viven hoy ese momento que nos permitirá construir una visión conjunta de ciudadanía y gobierno mediante marcos legales y política pública.

La participación ciudadana como eje fundamental y necesario


Colocación de cicloestación del sistema ECOBICI durante la Fase IV de expansión en 2014. (Foto: Iván de la Lanza/Instagram)

ECOBICI nos invita no sólo a celebrar, sino –más importante– a reflexionar sobre nuestra ciudad y sobre nosotros mismos; lo hecho desde febrero de 2010 nos plantea cuestionamientos que solo se logran a través del contacto directo con nuestras calles, con las diversas realidades, desigualdades, entornos y contextos; con esa ciudad que es muy difícil de ver desde dentro de un automóvil.

La bicicleta –más allá de ECOBICI– resurge en las grandes ciudades como una solución social, ambiental y personal; se convierte en símbolo de reapropiación del espacio público y de la ciudad, se erige como reclamo de nuestra generación por la nostalgia de lo perdido. La bicicleta se convierte en un instrumento de participación ciudadana que nos entrega más preguntas que respuestas, lo cual se ofrece como un síntoma saludable; ¿qué ciudad compartimos?, ¿qué ciudad queremos?, ¿cómo combatimos la degradación de nuestro medio ambiente?, ¿qué hacemos con la violencia exacerbada y normalizada provocada por la intolerancia, el clasismo y la histeria colectiva que vivimos diariamente en las calles?

Para la última pregunta quizá exista un esbozo de respuesta: los fenómenos sociales de interacción que vemos a diario en las calles son un claro y feliz reflejo de la creciente participación ciudadana.

Al encabezar la estrategia ciclista en la Ciudad de México viví una serie de estos actos; desde un vecino en Polanco que se oponía a la colocación de una cicloestación por ocupar “lugares de estacionamiento”, hasta amenazas por parte de 30 comerciantes en el Mercado de Plantas y Flores de Pugibet por el mismo motivo, e incluso amenazas de muerte durante la construcción del Biciestacionamiento masivo de Pantitlán; pero también el apoyo de grupos vecinales o la socialización que hicimos en Eje 3 Oriente durante las adecuaciones de Calle Completa por la llegada de la Línea 5 de Metrobús, donde explicamos a los dueños de los talleres mecánicos que se sentían dueños de banquetas y ciclovía, las bondades de liberarlas para que sus familias pudieran trasladarse de forma segura.

Más allá de lo que me tocó vivir, casos como el de “Lord Audi” y otros similares que son expuestos por sus acciones contrarias a la convivencia social, nos muestran que la participación ciudadana está emergiendo desde lo individual y desde lo local; y vale la pena impulsarla. Que los vecinos incidan en “pequeños” proyectos a través del consenso nos permitirá escalar la participación. Y aunque esto no resolverá las desigualdades, ni disminuirá la violencia, sí nos hará más conscientes de los problemas que, como sociedad, tenemos.


Recorte de periódico durante las difíciles gestiones con los vecinos para la instalación del sistema ECOBICI. (Foto: Iván de la Lanza/Instagram)

¿Qué sigue?

¿Cómo podemos garantizar la permanencia de proyectos como ECOBICI y la movilidad en bicicleta en las ciudades mexicanas?, la fórmula no es sencilla; va más allá de instalar un sistema de bici compartida y dejarlo “a ver qué pasa”, esperando el éxito basado sólo en que es una buena y necesaria idea.

Actualmente, en WRI Ciudades –a través de la Iniciativa de Financiamiento en Ciudades Sostenibles (en alianza con la Fundación Citi y C40)– trabajamos en una investigación sobre Modelos de negocio para Sistemas de Bicicletas Compartidas, la cual muestra la necesidad de concebir estos sistemas como parte de una Estrategia de Movilidad Integral que contemple la infraestructura (ciclovías), el equipamiento (biciestacionamientos) y la cultura y socialización (como el programa Muévete en Bici).

Debemos entender que los Sistemas de Bicicleta Compartida no son un programa aislado, mucho menos el capricho de alguien, sino que son parte de políticas públicas con un alcance mayor en términos de salud, economía, medio ambiente, sustentabilidad y movilidad con un bajo costo de inversión y grandes beneficios, no sólo para los usuarios de bicicleta, sino para el conjunto de la ciudadanía.

No debemos permitir que el “destino” se haga cargo de un proyecto como ECOBICI y la Movilidad en Bicicleta en la Ciudad de México y que dependa de la voluntad política en turno. Empecemos por fortalecer la creciente participación ciudadana que se ha generado alrededor de este y otros proyectos para realizar políticas públicas y legislaciones que garanticen su permanencia; emanciparlo con todo lo que implica en términos de responsabilidades de gobierno y también de ciudadanía. Y tal vez, solo tal vez, realizando ejercicios ciudadanos como éste, podamos escalar nuestras decisiones a otros ámbitos.