El legado de Teodoro González de León

Conjunto Arcos Bosques en Santa Fe, obra de Teodoro González de León

“El ejercicio de imaginación arquitectónica no sólo es una composición de muros, ventanas, varilla y concreto, sino una capacidad de vislumbrar la interacción entre las personas y los espacios. ¿Por dónde va a entrar la luz a la hora de la comida? ¿Cómo va a interactuar el edificio con el peatón y la muchedumbre con la plaza pública? Las grandes obras de arquitectura se construyen no con ladrillos sino con una aguda intuición sobre estas posibles interacciones. ¿Cómo construir fronteras fluidas y ambiguas entre el espacio público y los territorios privados?” escribió en días pasados Juan E. Pardinas, director del IMCO a propósito del fallecimiento de Teodoro González de León, el arquitecto de la ciudad (imperdible texto).

“Me interesa que la arquitectura la penetre el espacio público, que sea porosa al espacio público”, declaró en una entrevista en el marco de su 90° aniversario.

Su convicción se reafirma al revisar otra entrevista, ésta de 2007, donde declaraba que “al hacer un edificio me preocupa de manera fundamental que se lleve bien con el espacio público, que incluso contribuya a fortalecerlo”.

Su visión de la arquitectura a base de concreto y su idea de porosidad pueden parecer contradictorias, sobre todo por la “pesadez” de su material predilecto; sin embargo, González de León logró que el concreto se viera “ligero” a través de la apertura de grandes espacios por lo que entra la luz de formas únicas que “transforman” sus obras en monumentos, en arte… en espacios para las personas.

“La arquitectura tiene que operar como creador de cruces para que sea comunidad. Algo que persigo es que los edificios enfrenten el espacio público, que éste los penetre”, Teodoro González de León.

La exitosa recuperación del espacio público

Cuando Teodoro comenzó a trabajar en el Museo Universitario de Arte Contemporáneo notó una terrible realidad: el terreno donde estaría el museo no tenía accesos peatonales, sólo un enorme estacionamiento.

Me daban un terreno muy feo para hacer el museo, atrás en el estacionamiento, pero con Felipe Leal, que en ese tiempo manejaba las obras especiales de la Universidad, establecimos otra estrategia. Había un estacionamiento enfrente de la Sala Nezahualcóyotl, como de supermercado. Uno llegaba a la sala entre coches, no tenía un acceso digno de un espacio cultural. Dejamos el estacionamiento abajo e hice una plaza encima, con la ventaja que esa plaza queda a la altura del acceso a la Sala Nezahualcóyotl, ya no es necesario subir a la sala”.

Pese a cierta resistencia, González de Léon convirtió esa grisácea plancha en una plaza donde los visitantes pueden disfrutar de un hermoso espacio público, sin autos.

“El espacio no tenía acceso peatonal, sólo vehicular, como si fuera un centro comercial rodeado de automóviles. Planteamos una plaza, un espacio que va a crear fricción y congestión, a ocultar el tráfico de gente. ¿Qué se busca? Concentrar la actividad”, declaraba en 2007.

Su búsqueda de crear espacios que se sintieran naturales fue algo que lo acompañó durante toda su vida; en 2011 y a raíz de los planes para ampliar el Museo Tamayo en el Bosque de Chapultepec de la Ciudad de México, Teodoro mencionaba: “recordé algo que le respondimos a Rufino Tamayo cuando vio la maqueta y dijo: ‘y esto cómo crece?’ y yo le dije, ‘va a crecer como un árbol, los paralelepípedos crecen como unas ramas’”.

Y como si el árbol fuera la Ciudad de México, el país, el mundo, su obra se esparce como ramas por distintas ciudades de distintos países. Te invitamos a recorrer algunas de sus obras en el siguiente mapa interactivo: