Uber, cerca del medio millón de usuarios en el DF

Foto de aplicación de UBER

Tras la reciente regulación del servicio, aplicaciones web como Uber están generando un impacto en la movilidad que aún no ha sido medido, pero la tendencia nos señala que su operación está optimizando desplazamientos y el uso del carro compartido en nuestras ciudades.

Por José Luis Ávila

Todo el que puede huye del tráfico. Una encuesta realizada por el Institute for Business Value concluyó que moverse en las ciudades “duele”. El modelo de desarrollo urbano 3D en América Latina (disperso, distante y desconectado) sigue ocasionando el aumento desmesurado de la tasa de motorización con terribles consecuencias para la calidad de vida.

En México y otros países de la región, los gobiernos han implementado soluciones para modernizar sus sistemas de transporte público colectivo, la promoción de formas sustentables de moverse y la racionalización del uso vehículo particular, pero éstas siguen siendo insuficientes para el grueso de la población.

Recientemente, la aparición de servicios de transporte que se ofertan a través de aplicaciones móviles ha dado paso al concepto de la movilidad colaborativa, que supone un cambio de paradigma basado en acuerdos entre el dueño y conductor de un automóvil particular y un usuario de transporte. “Esta modalidad ya está generando beneficios a la ciudad y un mundo nuevo de servicios, pero la pregunta aquí es qué tipo de servicio de transporte es UBER. Es privado porque se produce a través de convenios, pero es público en la medida que cualquiera puede acceder a la aplicación. Hay serias interpretaciones al respecto”, comenta Fernando Páez, Director de Transporte de CTS Embarq México. Lo cierto es la demanda de UBER en la Ciudad de México ya asciende a 500,000 usuarios.

El gremio de taxistas tradicional lo tilda de ilegal, inclusive después de la regulación emitida por la Secretaría de Movilidad (SEMOVI), la primera de América Latina. Se trata de una normativa diferente a la que rige al transporte público individual (taxis) por referirse a un nuevo servicio con características similares pero con una forma distinta de operar.

La normativa tiene como premisa el derecho a la movilidad y a seleccionar la forma de transporte de preferencia, la calidad del servicio y el interés del gobierno por garantizar el bienestar de sus habitantes. Uno de los aspectos más novedosos de la misma es que estas empresas deberán aportar 1.5% del cobro de cada viaje a un fondo para el taxi, la movilidad y el peatón. Además, quien presta el servicio deberá pagar una constancia de registro de 599 pesos por cada vehículo que inscriba. “Estamos a favor de que ese dinero vaya al Fondo de Movilidad y Seguridad Vial porque en la regulación no quedó claro cuál será su destino, pero el punto ahora es medir si en efecto UBER está promoviendo un mejor uso del vehículo. A partir de esta aplicación podemos promover un esquema de carro compartido que podría disminuir la congestión. Las mediciones hay que hacerlas para conocer el impacto en la velocidad promedio de viaje, la congestión y la reducción de emisiones”, agrega Páez.

Datos de la Encuesta Origen-Destino de 2007 indican que en la Ciudad de México se producen más de 1.1 millones de viajes en taxi diariamente, pero hoy el servicio está en crisis por ser catalogado por los usuarios como deficiente, inseguro, con conductores groseros, unidades sucias y bajo control de tarifas — hoy cobran 8.74, 13, 27 pesos de arranque, según el tipo de taxi, inclusive hay otros que cobran por tabla— en consecuencia, un segmento de esta población ha migrado a servicios de transporte como UBER porque gozan de un mayor estándar de servicio. “Si en vez de estar en permanente guerra con las nuevas tendencias, el gremio tradicional se enfocara en cómo mejorar el funcionamiento de los 135,000 taxis que transitan en la ciudad, podríamos lograr mayores avances en el sector”, afirma Páez.

Un reciente artículo publicado por Vértigo Político pone la lupa en el servicio de taxis del DF. La investigación expresa que el gobierno de la capital autorizó o renovó el permiso a 657 sitios y bases de taxi el año pasado, según el padrón de concesiones publicado por la Ventanilla Única de Transparencia; pero sólo 10 líderes concentran 184 permisos, con 24,460 taxis empadronados que pagan un promedio de 250 pesos de cuota semanal a sus líderes, con una recaudación final de 75 millones de pesos. A nuestro modo de ver estos ingresos representan una oportunidad de inversión para la mejoría del servicio y para que la autoridad haga una revisión de la operación y regulación del mismo, responsable de la movilidad del 4.92 % de la población de la ciudad.

Por otro lado, la polémica con UBER se extiende a países como España, Portugal, Alemania, Bélgica, India, Francia, Tailandia, Holanda, Brasil y Estados Unidos. Pareciera que la forma en la que operan el sistema de transporte individual adolece de problemas comunes en todos estos países. En ese sentido, CTS Embarq y la Universidad Externado de Colombia organizó el pasado 13 de agosto en Bogotá el foro Movilidad Colaborativa para generar un diálogo abierto entre las partes que abonen el camino hacia la regularización del servicio en ese país. “UBER es un nuevo servicio. Ya vemos que está dentro del concepto de economía colaborativa, entonces dónde lo ubicamos. Sentimos que hay que generar una regulación nueva, sin dejar de tomar en cuenta el foco de reducir el número de viajes en la ciudad bajo un modelo de ciudades compactas y conectadas mientras invertimos en un transporte público de calidad y racionalizamos el uso del vehículo privado”, explica Páez, ponente de la actividad.

Finalmente, la duda aún por responder sobre estos servicios de movilidad colaborativa es si resuelven o no el problema de la motorización. Actualmente vemos como los fines de semana grupos de jóvenes comparten un UBER para ir a una fiesta al igual que empleados al concluir su jornada laboral. La tendencia también la estamos viendo con servicios de bicis compartidas en algunas ciudades del mundo. Es indetenible y sus impactos aún están por verse.

Publicada originalmente en Forbes México