Juan Gabriel, la música, la masculinidad y el uso del espacio público en México

Gente se reunió de forma espontánea alrededor de la estatua de Juan Gabriel en la plaza de Garibaldi. (Foto: especial/Telemundo)

Uno de los usos más increíbles del espacio público en el mundo siempre ha sido la música y el espectáculo. Como seres humanos, nos gusta ver cosas que nos entretengan. La muestra más antigua de ello es el teatro griego y cómo éste era una plataforma de entretenimiento muy variado.

No hay país en el mundo que no tenga salas de conciertos (como lugares donde desde la arquitectura hemos podido reproducir de mejor manera la acústica de un espectáculo) y espacios públicos que, para masificar eventos, se conviertan en salas de conciertos.

Hoy hablaremos de Juan Gabriel, del fenómeno que es en salas cerradas, pero también en el ámbito del espacio público desde la apropiación del mexicano a la cultura juangabrielana que vivimos muchos (si no es que casi todos) gracias a nuestras madres, tías, abuelas, tíos, amigos, las noches de borrachera y las canciones de amor y desamor que nos dejó Juanga.

Juanga en Bellas Artes y una nueva masculinidad mexicana

Un Juanga engalanado con lentejuelas, con decenas de personas haciéndole coro. Porque, aunque Juanga pudiera armar solo un espectáculo, se subía al escenario con coros, bailarines, músicos para llenarle al espectador los ojos y los oídos. Este es un recinto único por su acústica y su historia y es, precisamente en este concierto, donde se mediatiza al ídolo de manera tal que las lentejuelas, la pose, lo femenino, todo en él es natural. Es “Juanga” y fin, no hay más.

Juanga en Bellas Artes es la popularización del ídolo, la aceptación de él y fue este concierto el ícono que lo encumbraría para siempre al éxito y a la parafernalia Juangabrielesca. Dice Monsiváis de ese concierto:

“Y, aguardado con la devoción que le corresponde a un ídolo en tiempos de escasez de santos contemporáneos, aparece con glitter preciso, Juan Gabriel. El coro se eleva hasta los cielos de la felicidad vocal, él agradece, declara a éste ‘el momento más feliz de mi vida’”.

Y ya por último ─y porque me parece importante mencionarlo─, que seguro caeré en el (ya) lugar común al mencionarlo, pero es que, en un país machista como éste, allí está la fuerza de lo que hizo Juanga. Se engalanó, se enorgulleció siempre de ser quien era, cantó siendo quien él quería ser sin importarle nada y, lo más sorprendente, la gente se apropió de Juanga por ser él y por cantar lo que cantaba.  Dice Catalina Ruiz-Navarro que

Juanga es “El verdadero ejemplo de cómo ser el mero mero, sin tener que ser un macho. El mejor modelo de masculinidad que han tenido los mexicanos”.

Bellas Artes, sin embargo, “elitizó” este espectáculo. Es gracias, precisamente, al poder del internet (y antes al poder del DVD) que hoy todos tenemos acceso al VEVO de Juanga para poder disfrutar de sus conciertos en vivo en cualquier televisión o computadora. Juanga, sin embargo (como la música en sí) era tan poderoso en su discurso que transgredió los recintos cerrados para moverse al espacio público, no sólo como él, sino como lo que nosotras hicimos para interpretarlo. El Palacio de Bellas Artes, si bien es uno de los lugares más importantes para presentarse, en su carácter de sala de conciertos tiene ciertas limitantes como, por ejemplo, el número de personas que puede albergar.

Juanga en lentejuelas y cantando de amor es de las mejores cosas que le pudieron haber pasado al México de los 90, de los dosmiles y de hoy.

Juan Gabriel se presentaría en el Palacio de Bellas Artes en 1990, 1997 y 2013. Además, haría más de 100 Auditorios Nacionales (nomás en el 2006 hizo 21 presentaciones en el escenario de Reforma) y llenaría rompiendo récords una serie de recintos más.

Juanga en el Zócalo

Desde 1997 y con los gobiernos perredistas es que la vocación del Zócalo cambió. La plancha más grande de Latinoamérica (y la segunda del mundo) tiene pocos símiles en lo impresionantes, enormes y poderosas que pueden ser las plazas de las ciudades; pocas plazas del mundo son tan majestuosas y te quitan tanto el aliento como el Zócalo de la Ciudad de México.

El Zócalo, sin embargo, no siempre fue así. De hecho, hubo tiempos en los que parecía cualquier centro de pueblito: arbolado y con un quiosco al centro. A partir de los sesenta, el Zócalo capitalino empieza a convertirse en lo que es hoy y es después de los 90 en que comienza su vocación para ser un centro de reunión y de manifestación por excelencia. De hecho, no existen registros fotográficos de marchas de décadas anteriores porque era impensable e intocable.

Hoy es el Zócalo y otras cuantas plazas las que muestran el pulso de lo que acontece en el país. Si hay una manifestación de fuerza nacional, el destino final será siempre el Zócalo porque es una plaza de tal fuerza y grandeza que podrá albergar a más de 100 mil personas. Si una manifestación es lo suficientemente fuerte, ésta llenará el Zócalo.

Es difícil prever si algún día el Zócalo volverá a ser uno con árboles y bancas donde sentarse: imagino un Jan Gehl aplicando aquí sus ideas sobre el Espacio Público. Lo único que no tiene el Zócalo capitalino, es un lugar donde sentarse. Pero el espacio público es tan noble y la experiencia sensorial de estar parado sobre tremendo lugar rodeado de edificios bellísimos y divisando una pirámide es, en sí misma, una experiencia maravillosa.  

Los conciertos dan al Zócalo una experiencia completamente distinta. Aún más rica, más energética y más poderosa. Un Juanga ya consagrado, ya ídolo, ya mito, se presentó en el Zócalo en el año 2000 por primera vez, llegando a un récord de 350 mil personas (se dice que es quien más ha llenado el Zócalo) y con un escenario alucinante y que lo hace casi casi volar sobre los asistentes. Un Juanga para todos, sin necesidad de comprar un boleto. En 2004 regresa al Zócalo rompiendo no sólo el récord de asistencias, sino manteniendo a las personas cantando de la 1:20 am a las casi seis de la mañana, ya con el sol en el horizonte.  

¿Qué espacio público puede ser más exitoso que una plaza que alberga a más de 100, 200 y 300 mil personas cantando a coro a uno de los ídolos mexicanos más importantes de la historia de México? Mexicanismos a la Jan Gehl.

Juanga y las personas retomando Garibaldi

Alberto Aguilera muere el domingo 28 de agosto de 2016. Estaba programado para hacer un concierto de nuevo en el Zócalo en noviembre de este mismo año.

En México es común escuchar que todos nos sabemos por lo menos una canción de Juan Gabriel y que en las fiestas es infaltable. Lo es.

Aunque no te guste, te sabes alguna de sus canciones.

La apropiación del legado de Juan Gabriel llega a muchas de las manifestaciones de lo  público y lo privado: desde hacer las labores del hogar, cantar a Juanga en la fiesta con amigos; hasta las bodas y los XV años que instalan las personas en las calles, y llegando a la ocupación de los espacios públicos cantando sus canciones porque lo vamos a extrañar.

Esto es Garibaldi – la plaza pública del Mariachi en México que, además, alberga una estatua de Juan Gabriel- a pocas horas de su muerte:

Se esperan más manifestaciones públicas de duelo hacia Juanga porque, ¿qué más manifestación pública de afecto a Juan Gabriel que salir a la calle a cantar sus canciones todos juntos mientras nos apropiamos de una plaza? Mexicanismos a la Jan Gehl.

 

*Este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa, necesariamente, la postura del CTS EMBARQ México, del World Resources Institute o de este portal.