IMPLAN, los Pepe Grillo de los gobiernos en planeación y movilidad

Foto: Joel Mann/Flickr

OPINIÓN. La planificación urbana del siglo XXI en México no se puede entender sin hacer la primera escala en la brasileña ciudad de Curitiba en 1965. Este año nace el Instituto de Investigación y Planeación Urbana de Curitiba (IPPUC, por sus siglas en portugués) para dar un orden al crecimiento y desarrollo con visión integral de la planeación y movilidad de esta sureña urbe. Tampoco se puede entender sin la influencia del exalcalde de Curitiba Jaime Lerner, quien fortaleció el urbanismo y logró que Curitiba se convirtiera en punta de lanza en cuanto a las transformaciones urbanas a corto plazo con visión a largo plazo.

La siguiente escala obligada es en la central ciudad de León, Guanajuato en 1993, desde donde partió una comitiva de funcionarios locales y estatales rumbo a Curitiba para aprender de la experiencia de los brasileños, y diseñar lo que sería el Sistema Integrado de Transporte de León, hoy Optibús, ante los crecientes retos urbanos que asediaban esta urbe mexicana.

Así, un año después nació el primer Instituto Municipal de Planeación (IMPLAN) con el objetivo de “definir el rumbo de la ciudad a través de la planeación estratégica y un Consejo Consultivo de participación ciudadana”.

Ciudades con rumbo

A partir de ese momento, distintas ciudades mexicanas comienzan a crear organismos similares que les permitieran crear planes de crecimiento y gestión urbana integrales y a largo plazo, independientes de los tiempos políticos y que pudieran vincular a los distintos actores de las ciudades con una visión enfocada en el desarrollo sustentable.

Actualmente, alrededor de medio centenar de municipios mexicanos cuentan con un instituto que promueve la planeación urbana desde el contexto local, sin embargo, estos organismos también se han enfrentado a grandes retos y vicisitudes.

Razón de ser

Cada Instituto funciona de acuerdo con el contexto de su ciudad, con distintas atribuciones o formas de trabajar, sin embargo, es necesario entender qué prácticas han terminado por exterminar algunos IMPLANES y cuáles los han fortalecido.

Para saber cómo funcionan es importante entender que el mejor modelo para un IMPLAN es aquel donde el municipio o zona metropolitana está convencido de la necesidad de contar con un organismo técnico con sustento ciudadano que pueda generar planes a largo plazo y pueda entender las áreas de oportunidad. Se requiere, también, que el alcalde utilice su visión de liderazgo para que, durante su gestión, se pueda avanzar en el sentido correcto.

Pongamos el ejemplo de Graciela “Chela” Amaro, Directora del IMPLAN León, quien ha trabajado en un IMPLAN por más de 15 años. Ella ha sabido “jugar a la política”; cuando llega un alcalde dispuesto a escuchar y trabajar, Chela le ofrece los consejos y buenos proyectos que el IMPLAN tiene proyectados. Sin embargo, cuando hay un alcalde al que no le interesan ni los consejos ni los buenos proyectos de Chela, ella se dedica a mantener el buen nombre del IMPLAN y a generar buenos proyectos para tenerlos listos cuando llegue un líder con visión, al tiempo que fortalece los procesos de participación ciudadana del organismo, lo que le permite tener la certidumbre que ningún alcalde se permitiría eliminar esta “máquina” de conocimiento y generación de proyectos vinculantes. León es una lección el balance de la experiencia técnica y la política.

Por otra parte, tenemos casos donde dirigentes de IMPLANes comienzan a adjudicarse atribuciones exclusivas del Ayuntamiento, particularmente en la toma de desiones políticas, hasta que un alcalde decide ponerle un alto al financiamiento, lo que termina con un IMPLAN debilitado. Este proceso se puede observar, sobre todo, en municipios donde los alcaldes crean los IMPLANes más por una presión social que por un convencimiento real, o bien en los estados donde a través de Leyes para Zonas Metropolitanas “obligan” a la creación de institutos de planeación sin establecer claramente los mecanismos de subsistencia financiera y de vinculación; casos como el Instituto Metropolitano de Veracruz, el primer intento en Guadalajara, San Luis Potosí y Chihuahua sirven para entender cómo se puede perder el valor principal de un IMPLAN al enfocar sus esfuerzos en otros procesos ajenos a la planeación e innovación urbana.

Además, si le sumamos que estos institutos no son “mediáticos”, al momento de una disputa entre autoridades locales y estatales, el IMPLAN queda como el eslabón más débil, por lo que terminan desapareciendo.

Aprendiendo a colaborar

Es necesario entender que un Instituto Municipal de Planeación es parte de la estructura de gobierno local, ya que reciben fondos públicos y trabajan directamente con las autoridades; es decir, un IMPLAN nunca será completamente independiente y autónomo, fueron creados para ser una entidad dedicada a la planeación estratégica, integral y con visión a largo plazo para los gobiernos municipales.

Así, tenemos casos de éxito como el IMPLAN de León, aquél que nació tras la visita de las autoridades locales a Curitiba, Brasil a finales del siglo pasado. Este instituto ha aprendido a colaborar y a fortalecer su incidencia a través de la vinculación con la sociedad; un IMPLAN es tan fuerte como su Consejo Consultivo.

Pensar por la ciudad. La conciencia del alcalde

El mejor IMPLAN es el que funge como el “Pepe Grillo” (la conciencia) de las autoridades, no debe trastocar las funciones de la autoridad pero tampoco debe ser una simple maquiladora de proyectos.

Este organismo debe ser capaz de “pensar por la ciudad”, conocer dónde faltan “tornillos” y dónde hay que “apretarlos”; en otras palabras, los IMPLANES deben ser capaces de mostrar una visión de ciudad a largo plazo y las capacidades para que el alcalde lidere esa transformación a largo plazo. El IMPLAN debe ser el representante de la ciudadanía y, es en ella, donde deberá encontrar a su principal aliada, ya que es primordial mantener la llamada “autonomía” del instituto utilizándola de forma inteligente, particularmente en la consecusión de recursos ─además de los obtenidos de las arcas públicas─ y entregar resultados.

Es fundamental que el instituto mantenga su visión en la innovación, en la búsqueda de soluciones novedosas y, para esto, es necesario que el organismo mantenga una incertidumbre financiera que, pese a parecer contradictorio, es lo más sano ya que, en el momento que una organización logra la certidumbre financiera, pierde su creatividad.

Este artículo es responsabilidad exclusiva del autor y no representa, necesariamente, la postura del CTS EMBARQ México, del World Resources Institute o de este portal.