Las costas de Guacamole

Efecto guacamole en el Lago Erie. (Foto: T. Archer, NOAA Great Lakes Environmental Research Laboratory vía Compfight cc)

Con un mal olor y una consistencia parecida al guacamole, en algunas playas de Florida ha comenzado a surgir un tipo de alga tóxica en la zona conocida como “Treasure Coast”.

Una de las causas de este fenómeno es la liberación controlada de las aguas del Lago Okeechobee ─cuya capacidad se ha visto rebasada─, en los ríos que fluyen hacia el este (al Atlántico) y hacia el oeste, al Golfo de México. La necesidad de esta liberación controlada surge, en parte, debido a las fuertes precipitaciones pues el obsoleto y viejo sistema de diques del lago no puede soportar cantidades tan grandes de agua. Sin embargo, el problema no es de capacidad, ya que las aguas del Lago Okeechobee ya se encuentran contaminadas.

El problema de la calidad del agua comienza en su cuenca. La zona aledaña al lago tiene un uso agrícola, donde se plantan cítricos y caña, así como cientos de miles de hectáreas de pastizales y un pequeño porcentaje urbanizado. Las lluvias pueden arrastrar fertilizantes y estiércol al lago y, en última instancia, a la costa. Los fertilizantes, el estiércol y las aguas residuales que contienen nutrientes, nitrógeno y fósforo, se van mezclando en el río, generando un proceso conocido como eutrofización, o sobreenriquecimiento. Así como el fertilizante ayuda a que las plantas crezcan en la tierra, lo mismo hace con las algas. Esto causa la proliferación dañina de éstas, como sucede en Florida.

Esta proliferación de algas no sólo afecta al turismo, también puede causar problemas de salud ─como nausea, problemas respiratorios e irritación de la piel─ en las personas que tengan contacto con el agua. Las algas también dañan la vida marina, pues bloquean la luz solar y consumen el oxígeno que los peces y otras especies marinas necesitan para sobrevivir. Cuando el nivel de oxígeno es muy bajo o hipóxico, se pueden crear “zonas de la muerte”, matando a la fauna en forma masiva.

No sólo en Florida

No es la primera vez que vemos este fenómeno. Desde la década de los 80 se ha presentado hipoxia ocasionalmente en esta zona. Pero no ocurre exclusivamente en Florida. En 2014, la aparición de algas tóxicas en el Lago Erie obligó a la ciudad de Toledo a suspender el abasto de agua potable, dejando a más de 400 mil personas sin acceso al agua. Poco antes de los Juegos Olímpicos de 2008 se pudieron ver imágenes del Mar Amarillo invadido por algas. También Brasil, que este año se está preparando para ser el anfitrión de los Juegos Olímpicos, está sufriendo por la baja calidad del agua. Y hace unos meses, en la costa oeste de América del Sur, la industria chilena del salmón perdió $800 millones de dólares, cuando una plaga de algas mató a millones de peces.

El mapa interactivo de WRI sobre eutrofización costera e hipoxia identifica que el río St. Lucie, que desemboca en el Lago Okeechobee, ha sufrido hipoxia periódicamente desde los años 80.

En todo el mundo estamos viendo el aumento de la contaminación por nutrientes y sus efectos nocivos. Desde el siglo pasado, la contaminación por nutrientes en los cuerpos de agua casi se ha duplicado, gracias al crecimiento de la agricultura, la industria y la población. La eutrofización se ha convertido en una de las principales causas de contaminación en el agua. Se espera que la situación empeore aún más, sobre todo en los países en vías de desarrollo. Recientemente se publicó un estudio donde se estableció que, aun si las condiciones son óptimas, se verá un aumento en el número de personas con un alto riesgo de acceder a agua contaminada en el 2050, llegando hasta a una de cada tres personas (en la actualidad es una de cada 5).

Frenando el avance

Para frenar el avance de estas tendencias, es urgente que políticos, empresas y agricultores, actúen para administrar de manera correcta los nutrientes de las granjas, las zonas urbanas y suburbanas y de la industria. Por ejemplo, los cultivos de cobertura y las zonas ripiaras pueden filtrar el exceso de nutrientes antes de que salgan del área de cultivo y contaminen los arroyos locales. Los sistemas sépticos y las plantas de tratamiento de agua pueden ayudar a reducir los nutrientes que llegan a los ríos con las aguas residuales. Y las ciudades pueden incluir infraestructura verde que filtre de manera natural los contaminantes del agua de lluvia.

WRI ─junto con la Global Environment and Technology Foundation, el Centro para la Investigación Energética de Holanda y la Alianza Global para la Gestión de Nutrientes (GPNM)─ desarrolló el Global Nutrient Management Toolbox (Caja de Herramientas de Nutrientes Globales), para ayudar a los tomadores de decisión a buscar posibles soluciones ante los problemas de calidad del agua. Esta herramienta ofrece una multitud de recursos en línea como apoyo para lograr acciones de gestión y en las decisiones sobre políticas relacionadas con el manejo sustentable de nutrientes, e incluye cientos de ejemplos de las mejores prácticas y políticas para el manejo de éstos, provenientes de todo el mundo.

Podemos aprender unos de los otros, del hemisferio oriental al occidental, para actuar antes de que la contaminación por nutrientes y las algas generen un daño irreversible a nuestros ecosistemas, a nuestra economía y a nuestra salud.

*Texto original en el Blog de WRI publicado el 11 de Julio de 2016. (Traducción: Daniel Gonikman/WRI México)