La inversión en transporte sustentable puede ahorrar $300 mil millones

Corredor BRT en Rio de Janeiro, TransCarioca. (Foto: WRI Brasil Sustainable Cities/Flickr)

La inversión en infraestructura para transporte sustentable es algo que los líderes nacionales y locales buscan como una forma de reducir las emisiones que causan el calentamiento global generadas por los sistemas de transporte en el mundo –23% del total mundial–. Pero la percepción sobre lo costoso de la inversión, lo ha convertido en una difícil tarea. Sin embargo, nuevos estudios que comparan dos caminos a seguir para el transporte, entre emisiones altas y emisiones bajas, demuestran que la percepción es errónea: una estrategia de inversión baja en carbono resulta más económica que alta en carbono. El ahorro anual puede ser de hasta $300 mil millones y entra dentro de los flujos financieros existentes.

¿Cuánta inversión?

El último estudio de WRI estiman que, para que el calentamiento del planeta no sea mayor a dos grados centígrados sobre las temperaturas preindustriales, se necesitan 2 billones de dólares de inversión de capital global al año para construir transporte bajo en carbono, con un ahorro anual de 300 mil millones comparado con el transporte actual que utiliza combustibles fósiles y que provocaría un calentamiento de 4°C. Este número se basa en revisiones, análisis y estimados de las necesidades de infraestructura global a corto plazo de la Agencia Internacional de Energía (AIE), la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el Foro Económico Mundial (WEF, por sus siglas en inglés), el McKinsey Global Institute, la New Climate Economy (NCE) y el Instituto de Políticas para el Transporte y el Desarrollo (ITDP) en conjunto con la Universidad de California en Davis.

El estimado global de inversión necesaria en transporte sustentable incluye lo que se necesita para la construcción de nuevos proyectos y el mejoramiento de los ya existentes, tomando en cuenta el costo proyectado de transporte terrestre –calles, estacionamiento, BRT y ferrocarril–, marítimo, aéreo y sistemas de transporte interregional.

La síntesis de estimados proyectó dos escenarios distintos: uno que contempla el camino de 2°C para el transporte con un costo de 2 billones de dólares anuales y el curso actual, en el que veríamos un calentamiento de 4°C con un costo de 2.3 billones de dólares al año. De ahí viene el ahorro de 300 mil millones de dólares que representa la estrategia baja en carbono.

Comparando esto con la inversión de capital actual para transporte, entre 1.4 billones y 2.1 billones de dólares, el escenario de 2°C se encuentra dentro de las posibilidades actuales.

Los beneficios de un transporte bajo en carbón no sólo son cuestión de dinero, también hay ventajas sociales, económicas y ambientales sobre el statu quo. El transporte sustentable reduce el tráfico, la contaminación del aire, la expansión urbana y el uso de vehículos automotores. Estos problemas pueden representar un costo de alrededor de 10% de su producto interno bruto (PIB) para los países. Los costos sociales del transporte de superficie, en términos de problemas de salud pública y muertes fueron de 3.5 mil millones de dólares, sólo en China e India. El tráfico puede reducir el PIB de una ciudad en 3.5% en Buenos Aires, 2% en la Ciudad de México y 4% en El Cairo.

Las buenas políticas urbanas pueden hacer la diferencia. Por ejemplo, la Ley de Movilidad Urbana de Brasil, que hace del transporte sustentable una prioridad, les permite a ciudades como Belo Horizonte conseguir financiamiento por parte del gobierno nacional para implementar planes comprensivos de transporte público, integración de tarifas y el mejoramiento de infraestructura para modos de transporte no motorizado.

Cambiando la inversión en transporte

Para lograr el cambio de transporte alto en carbón al transporte de bajas emisiones, las autoridades locales y nacionales necesitan influenciar al mercado y crear políticas que fomenten la inversión privada en soluciones sustentables. Los tomadores de decisión nacionales –como ministros de transporte y finanzas– deben enfocarse en portafolios de inversión para el transporte sustentable. Los Bancos Multilaterales de Desarrollo también deben tomar un papel que influya y ofrezca incentivos para realizar este cambio en las inversiones y así construir sistemas de transporte bajos en carbono.

 

*Texto original en TheCityFix.com publicado el 11 de abril de 2016.