¿Qué podemos aprender del enfoque inclusivo para mejorar los asentamientos irregulares en Tailandia?

Asentamientos en las orillas de los canales de Bangkok. (Foto: Alex Berger/Flickr)

Mil millones de personas en el mundo viven en asentamientos irregulares, de acuerdo con las estimaciones más actualizadas, quienes no cuentan con acceso a servicios básicos e infraestructura y viven bajo la constante amenaza de desalojo. Si bien la proporción total de población urbana mundial viviendo en estos asentamientos ha caído en los últimos años, se espera que el número absoluto llegue a 3 mil millones en 2050, gracias al rápido crecimiento de la población urbana, principalmente en Asia del Sur y África Subsahariana, las regiones más pobres del mundo.

Gobiernos, organizaciones civiles, académicos y miembros de estas comunidades irregulares se reunieron en Pretoria, Sudáfrica, para la reunión temática de ONU-Hábitat sobre asentamientos irregulares. El resultado de estas discusiones fue La Declaración de Pretoria (en inglés), que se enfoca en la importancia de empoderar a los pobres, mejorar los asentamientos existentes en lugar de trasladar a la población a otros asentamientos, desarrollar un rango de acuerdos de permanencia y establecer nuevos mecanismos financieros.

Esto se dice fácil, sin embargo, las ciudades suelen sufrir para encontrar respuestas adecuadas a este problema. Algunas iniciativas, como el programa Baan Mankong en Tailandia, dejan entrever soluciones instructivas y que se pueden adoptar localmente, que pueden funcionar a escala. El programa Baan Mankong mejoró las condiciones de vida de más de 90 mil hogares en mil 546 comunidades a lo largo de Tailandia entre 2003 y 2011, con un costo equivalente a 570 dólares por familia. Las autoridades urbanas pueden aprender mucho del ejemplo de Baan Mankong.

El programa Baan Mankong en Tailandia permite a las comunidades pobres tomar el poder en el desarrollo de sus viviendas.

Tradicionalmente es el gobierno el encargado de planear, administrar y financiar el mejoramiento de los asentamientos irregulares; esto provoca que se excluya a la comunidad en el proceso de planeación e implementación, causando mejoras aisladas en algunas de ellas.

El programa Baan Mankong (“vivienda segura” en tailandés) facilita un proceso que es impulsado por la comunidad, que deja de ser únicamente beneficiaria de la ayuda gubernamental. El programa da apoyo a redes de comunidades pobres para el estudio y mapeo de todos los asentamientos irregulares y en condición de pobreza en la ciudad y así, poder desarrollar planes para mejorarlos de manera sustancial. Los habitantes se asocian o consultan con expertos de los gobiernos locales, ONGs y académicos, pero son los miembros de cada asentamiento los que toman la batuta para encuestar y mapear a la comunidad, desarrollando planes y presupuestos para la mejora de vivienda e infraestructura, además de negociar esquemas seguros de propiedad, para vivir sin miedo a ser desalojados. Una vez que las comunidades llegan a un acuerdo sobre la propiedad de la tierra y han completado la planeación y el presupuesto para la mejora, la agencia implementadora, que es el Instituto de Organizaciones Comunitarias para el Desarrollo (CODI), emite subsidios de infraestructura y préstamos subsidiados directamente a la comunidad. Esto les permite a los pobres determinar cómo y dónde quieren realizar las mejoras a la comunidad.

Cuando se habla de vivienda, esto significa darles a las comunidades la tarea de identificar terrenos y construir sus propias casas. A través del programa Baan Mankong, las comunidades tienen toda la autoridad para negociar acuerdos directamente con los dueños –públicos o privados– de las tierras, incluyendo al dueño de las que ocupan en la actualidad. Estas negociaciones pueden ser difíciles, pues la comunidad se ve forzada a priorizar sus preferencias geográficas, espaciales y de posesión, tomando en cuenta las limitaciones de disponibilidad de terrenos y recursos.

Por ejemplo, las comunidades pueden aceptar un acuerdo de propiedad menos favorable con tal de mantener la cercanía a sus trabajos. Una comunidad que desea continuar habitando una zona donde los terrenos disponibles son escasos puede sacrificar la construcción de casas unifamiliares más grandes, construyendo en su lugar comunidades más densas con edificios de dos o tres pisos.

Si bien cada proyecto es distinto, el proceso impulsado por la agencia que propone el programa empodera a las comunidades para determinar cuáles son las mejores soluciones de acuerdo con sus necesidades. Entre 2003 y 2011, más del 60% de los hogares involucrados lograron negociar acuerdos que les permitieron seguir viviendo en sus hogares, y más del 78% pudieron negociar una renta a largo plazo (43%) o un acuerdo de propiedad cooperativo con título (35%).

¿Por qué el programa Baan Mankong funciona?

El éxito del programa Baan Mankong es el resultado de la capacidad financiera y las redes de soporte social que este mismo genera. Para ser elegibles al programa, las comunidades deben establecer un grupo de préstamos y ahorro y constituirse como una cooperativa, uniéndolos política y financieramente. La combinación de estos requisitos genera algunos beneficios.

Primero, los habitantes de los asentamientos irregulares suelen tener muy pocos recursos y bienes. Suelen enfrentar el desempleo o un ingreso irregular, lo que puede imposibilitar la obtención de un préstamo tradicional con límites de pago establecidos. Al juntar todos sus recursos dentro de un grupo de ahorro y crédito, la comunidad encuentra a su disposición nuevas opciones financieras, como pequeños préstamos de emergencia y sustento para miembros que no podrían obtener un préstamo formal del banco de ninguna otra manera.

En segundo lugar, la combinación de los dos requisitos permite a los miembros funcionar como un ente y apoyarse entre ellos, mostrando la habilidad de la comunidad para organizarse y administrarse a sí mismos y a sus finanzas. Como los préstamos son concedidos directamente a la cooperativa, el peso del pago recae en toda la comunidad. Si una familia no puede pagar su préstamo, la comunidad tiene motivos para encontrar una solución. De esta manera, la comunidad sirve como apoyo social y financiero para sus miembros.

En tercer lugar, los préstamos subsidiados por el gobierno les permiten a las cooperativas cobrar tasas de interés ligeramente más altas. Estos fondos adicionales son dirigidos a un fondo de reserva que la comunidad puede utilizar para pagar en caso de atraso y en programas de beneficencia administrados por la comunidad, otra forma de protección para asegurar que la comunidad pueda pagar el préstamo y que sus miembros más vulnerables cuenten con apoyo.

Por último, el programa impone requisitos de propiedad que vencen uno de los retos más comunes para el mejoramiento de los asentamientos irregulares. Las fuerzas del mercado suelen alentar a los pobres a vender sus casas y regresar a estos asentamientos, causando la gentrificación de las comunidades renovadas y el eventual desplazamiento de los residentes pobres de la zona. El Programa Baan Mankong supera este problema al requerir que la comunidad mantenga la propiedad de la tierra por 15 años. Esta obligación a largo plazo ayuda a la comunidad a lograr el difícil proceso del pago del préstamo, así como a aprender a funcionar como cooperativa. Después de que el préstamo se paga, cada comunidad puede decidir si mantienen el esquema cooperativo o si instituyen la propiedad individual.

Inspiración para una Nueva Agenda Urbana.

Las iniciativas de mejoramiento impulsadas por la comunidad que permiten a los habitantes administrar colectivamente sus recursos, determinar sus prioridades, negociar formas de posesión e implementar sus propios proyectos de vivienda están siendo exitosos a escala y ofrecen información para explorarlos más a detalle. La Coalición Asiática para los Derechos de Vivienda (ACHR), utilizando un modelo similar, implementó un ambicioso proyecto de cinco años a gran escala, el Programa de la Coalición Asiática para Acción Comunitaria (ACCA), que apoyó el mejoramiento de los asentamientos en 215 ciudades de 19 países asiáticos.

Modelos como el ACCA y el programa Baan Mankong reflejan el énfasis de la Declaración de Pretoria en el empoderamiento comunitario a través del control de los procesos de mejoramiento, decisiones de asignación de recursos, mecanismos financieros colectivos y provisiones de diferentes tipos de posesión. Si bien para las iniciativas es importante adaptarse al contexto local, vale la pena tener en mente aspectos de estas historias de éxito asiáticas rumbo a la conferencia Hábitat III en Quito y la Nueva Agenda Urbana, el documento estratégico para dictar la urbanización a lo largo del planeta por los próximos 20 años.

Próximamente WRI publicará un documento que estudia los asentamientos irregulares en un contexto más amplio de vivienda accesible dentro de la ciudad y los retos de servicios urbanos. Este documento será parte del próximo Reporte de Recursos Mundiales en Ciudades Sustentables, que explora cómo las ciudades pueden ser más prósperas económicamente, ambientalmente sostenibles y equitativas socialmente.                                                                        

Un agradecimiento especial a Somsook Boonyabancha y Thomas Kerr, que estuvieron varios días compartiendo sus conocimientos y experiencias al staff de WRI.

 

*Texto original en TheCityFix.com publicado el 06 de junio de 2016.