Recorriendo la Merced, abriendo los sentidos y la mente

Foto: Liga Peatonal

La noche comenzaba a caer, eran las 6:00 de la tarde cuando inició la caminata por el barrio de la Merced.

Todos somos peatones, incluyendo las personas que se desplazan en sillas de ruedas, aquellos que caminan apoyados en los bastones para invidentes, y quienes expresan su sentir al caminar mediante movimientos del cuerpo que también hablan.

La caminata de sensibilización arrancó en el asta bandera del Zócalo de la ciudad para recorrer, entre sus calles, la historia de la capital mexicana y terminar en uno de los lugares más emblemáticos de la Merced, la llamada Plaza Aguilita.

Parte fundamental de la actividad fue concientizar y empatizar con las personas que recorren la ciudad de una forma diferente a la nuestra, una forma distinta de sentir, de caminar, de oler, de entender, de ver y vivir la ciudad.

Entendimos que no es fácil hacerlo, el paseo fue registrado mediante lentes y cámaras fotográficas además del uso de la aplicación llamada mapillary. Los obstáculos a los que se enfrentan las personas que habitan la ciudad son vastos, comenzando con la falta de empatía de los otros, con las prisas y los deseos de vivir del otro, agregando banquetas en mal estado, hoyos, construcciones, puestos, sillas, gente, carros, bicis y sensaciones distintas.

No fue fácil, aquellos que se atrevieron a sentir o a ponerse en los zapatos de las personas que viven con alguna discapacidad se dieron cuenta de que andar por la ciudad requiere grandes habilidades para recorrerla. Fuerza, no sólo en sus brazos, fuerza mental, una capacidad impresionante para atender y asumir nuestra forma de vivir y una exigencia para que todos podamos sentirnos seguros al andar en nuestro hogar, ese espacio público del cual todos somos parte.

La Merced resulto ser un espacio propicio para apreciar lo colorido de nuestras calles, lo diverso de sus actividades y lo grande de su gente. Aprovechemos esta oportunidad de entender que existen otras realidades para movernos en las ciudades, más allá del auto, de las bicis y del transporte público.  Finalmente, todos somos peatones y todos tenemos derecho a movernos amablemente en la ciudad.