Bicicletas universitarias rumbo a ciudades sustentables

Juan Andrés Contreras, Coordinador Operativo Lobobici. Foto: Ari Santillán/EMBARQ México

En el Centro Histórico de Puebla de Zaragoza –capital del Estado homónimo– se erige un antiguo edificio de arquitectura renacentista que alberga la rectoría de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (BUAP).

Este edificio, conocido como “El Carolino” no sólo es el símbolo de esta importante universidad mexicana, sino que también es el responsable de una inversión de 45 millones de pesos que sirvió para hacer una vía ciclista que lo conectara con la Ciudad Universitaria de la BUAP, que se encuentra a 4.5 kilómetros de distancia hacia el sur.

Esta vía ciclista, bautizada como Parque Lineal Universitario (PLU) e inaugurada apenas el 23 de septiembre del año pasado, es una de las innovaciones del programa Lobobici: sistema de préstamo de bicicletas para los estudiantes y trabajadores de la BUAP.

Juan Andrés Contreras Hernández, Coordinador Operativo de este sistema, comenta que el PLU conecta la Ciudad Universitaria con la Preparatoria Benito Juárez y el edificio Carolino en el centro de la ciudad, lo que ha beneficiado a cientos de estudiantes que utilizan este sistema para hacer sus recorridos; “los usuarios del PLU están contentos, les gusta ir y venir en bicicleta”, afirma.

Lobobici

El sistema Lobobici se inauguró el 22 de septiembre de 2013, “fue un hijito del Día Mundial Sin Autos”, comenta Andrés. Cuenta con mil 300 bicicletas y con 50 mil usuarios registrados que realizan, en promedio, mil 300 viajes de aproximadamente un kilómetro.

Para el funcionamiento de Lobobici, Contreras Hernández coordina un equipo de 200 becarios distribuidos en distintas funciones como abastecedores, mecánicos, monitores y pacificadores.

Entre su equipo hay estudiantes de diversas carreras como administradores, arquitectos, diseñadores gráficos, desarrolladores de software, entre otras carreras universitarias.

Lobobici PLU


Cicloestación de Lobobici. Foto: Ari Santillán/CTS EMBARQ México

Dispuesto a hacer el viaje completo, tomé una Lobobici en el edificio Carolino; de una velocidad y color blanco con vivos azules, su rodada 26’’ y sus llantas parecidas a las de montaña, tomé el Parque Lineal Universitario acompañado de Andrés Contreras.

El carril confinado, de alrededor de un metro y medio de ancho, se encontraba libre y el paseo se antojaba revelador y agradable –el clima no podía ser mejor para recorrer una ciudad desconocida en bicicleta–.

Sin embargo, los tres puentes que tiene el PLU –pese a ofrecer una vista panorámica– complicaron el trayecto, ya que su pendiente, sin ser excesiva, sí resulta cansada y los descensos deben realizarse con demasiada precaución, mano en freno, por las velocidades que puede alcanzar la Lobobici.

Durante el trayecto, nos encontramos con el problema de las vueltas a la izquierda para los automovilistas, ya que el parque lineal corre a un costado del camellón, por lo que existen puntos conflictivos en los que hay que tener especial cuidado, ya que hay automovilistas que cruzan la vía ciclista para colocarse en el carril de vuelta sin precaución.

Sin mayores contratiempos, treinta minutos después llegamos a la Ciudad Universitaria, donde dejé esta bicicleta para tomar otra y recorrer el campus escolar hasta las oficinas de Lobobici.

La Visión Cero en la BUAP

Juan Andrés comenta que, después de ver que muchas de las bicicletas tenían daños por mal uso, se decidió implementar un examen teórico-práctico para acceder al sistema de préstamo de bicicletas que es gratuito para la comunidad universitaria.

Así, me puse a leer el Manual del Ciclista Urbano, el Reglamento de Tránsito del Estado de Puebla y el Reglamento Interno de la BUAP para intentar pasar el examen teórico, mismo que consta de cinco preguntas al azar. Sólo apruebas con el 100% de aciertos.

¡Lo pasé! Pero venía lo complicado, el examen práctico:

Un joven estudiante que trabaja como becario me pidió subir a una bicicleta y acercarme a un área donde una serie de conos delimitaban la figura de un ocho; el joven universitario me explicó en qué consistía el examen: “Primero vas a dar una vuelta por el ocho, después vas a dar otra vuelta con sólo una mano, luego otra vuelta con la otra mano y luego otra con tu mochila. Durante las vueltas te voy a pedir que voltees a derecha o izquierda”.


Joven becario trabajando en el sistema de automatización de Lobobici. Foto: Ari Santillán/CTS EMBARQ México

Confieso que me invadió un nerviosismo, nunca habían evaluado mi forma de conducir una bicicleta. Comencé. “¡derecha!”, escuché al tiempo que intentaba mover mi cabeza en esa dirección, “¡izquierda!, ¡derecha!”. Conducir sin una mano por el estrecho ocho me costó trabajo y juré que el becario me reprobaría, “ni venir con el Coordinador Operativo me va a salvar”, pensé amargamente.

Sin embargo, logré acreditar la prueba y procedimos a mi registro como usuario.

Por fin, ¡tenía mi registro y estaba listo para pedalear por el campus universitario!

Salimos de las oficinas y fuimos a una de las 18 estaciones que hay repartidas por toda la Ciudad Universitaria. Ahí tomé mi bicicleta, después de dar mi clave y poner mi dedo en un lector de huellas digitales. Acomodé el asiento y comenzamos a recorrer la infraestructura ciclista de la BUAP; pese a algunos tramos complicados por estar sobre banqueta y tener árboles justo a la mitad, la infraestructura es bastante funcional y agradable –con muchos árboles que ofrecen una sombra excepcional–.

El cambio de cultura a través de la vida universitaria

Además del servicio de préstamo de bicicletas, la BUAP ha emprendido un ambicioso proyecto que apuesta por generar conciencia vial entre su comunidad. Por esto cuentan con un equipo de 57 “pacificadores”, estudiantes becarios que se dedican a hacer valer las normas de convivencia vial dentro de CU. Actualmente están repartidos en puntos estratégicos y tienen capacidad de levantar multas administrativas a automovilistas que no respetan las zonas de estacionamiento prohibido, a los ciclistas que no circulan por las áreas delimitadas, entre otros.

Durante el recorrido con Andrés decidí salirme de la vía confinada, acelerar y meterme en sentido contrario, todo frente a un pacificador. El becario, que también iba en bici me dio alcance rápidamente y se presentó: “Hola compañero, soy (no recuerdo su nombre), ¿me podrías prestar tu credencial?”, le dije que la había olvidado, que era de nuevo ingreso. Amablemente me comentó que me tendría que poner un “punto de demérito” y que al juntar tres, me sería suspendido el préstamo de bicicletas por un cuatrimestre. Lo intenté sobornar a lo que se mostró incrédulo y sus ojos me vieron como al peor ser humano que se pudo encontrar.

Me agradó que este joven estuviera tan dispuesto a hacer su trabajo de la mejor forma. Le comenté que sólo quería vivir la experiencia de ser detenido por un pacificador para una crónica que estaba haciendo; pero igual me dejó mi “punto de demérito”.

Andrés, quien vio todo a distancia, se acercó al final y me comentó que en los casi tres años de servicio han notado que sólo el 5% de las personas multadas reinciden; y de los reincidentes, sólo 0.9% son dados de baja; “la mayoría no vuelve a cometer una infracción porque no quieren perder su registro”.


Becario dando servicio de mantenimiento a una Lobobici. Foto: Ari Santillán/CTS EMBARQ México

Seguir innovando

El sistema Lobobici, además, es un laboratorio para que estudiantes de diferentes carreras experimenten; Andrés comenta que están trabajando en la automatización de las estaciones como las que existen en sistemas de bicicleta públicos, pero creado completamente por estudiantes de la BUAP; además, tienen bicicletas que te permiten cargar tu teléfono móvil con la energía generada por el pedaleo.

El sistema funciona prácticamente en su totalidad con becarios que, en un futuro, serán personas que tendrán una manera diferente de ver y hacer ciudad: una enfocada en las personas y en el transporte sustentable.