Bogotá busca tener el mejor sistema de transporte público del mundo en desarrollo

En su discurso de posesión como Alcalde de Bogotá el primero de enero de 2016, Enrique Peñalosa traza metas ambiciosas. Fiel a sus grandes sueños, y un poco como consecuencia de los logros de su primera administración, quiere volver a poner a Bogotá como referente mundial de movilidad sostenible con el “mejor sistema de transporte público del mundo en desarrollo” en el 2020. Acompaña este anuncio con el compromiso de doblar la participación de la bicicleta en el total de viajes –y reconoce el esfuerzo del alcalde anterior Gustavo Petro en ese campo–.

Los bogotanos arrancamos esta carrera bien abajo. La satisfacción de los usuarios en TransMilenio y el Servicio Zonal del Sistema Integrado de Transporte Público SITP es muy baja (19% y 32% según Bogotá Como Vamos, respectivamente). El número de “colados” (evasores del pago de tarifa)  puede superar 100 mil personas al día. Se multiplican las quejas por inseguridad, vendedores ambulantes, buses repletos, alimentadores demorados, losas rotas, estaciones con puertas y pisos dañados, buses zonales varados y atropellos. El déficit del SITP supera los 600 mil millones de pesos y la subida de tarifas es inevitable pero insuficiente.

El equipo técnico de TransMilenio lleva años intentando mejoras. Hay que reconocer avances en 2015 respecto a 2014 (la calificación general pasó de 2.88 a 3.25 sobre 5.00 en la encuesta de percepción ciudadana), pero aún hay un largo camino por recorrer. Sólo hay dos proyectos en marcha: la construcción de la Troncal de la Av. Boyacá –licitación abierta el 31 de Diciembre de 2015 a las 2pm que inicia un proceso de revisión detallada–; y el Cable Aéreo de Ciudad Bolívar –un gran alimentador, si se hace con buenas intervenciones al espacio público–, como en Medellín.  En proceso está el proyecto del Metro, que el Alcalde Peñalosa anunció revisar por sus altísimos costos y riesgos, y que se hará con apoyo del Ministerio de Hacienda y Planeación Nacional.

¿Es posible dar un giro que permita a Bogotá superar a Santiago, la ciudad con el mejor transporte público del mundo en desarrollo según la UITP? Como bogotano optimista creo que sí. Las cabezas de la transformación son personas técnicas, enamoradas de la ciudad y comprometidas con la mejora. Necesitan dar continuidad a las mejoras cosas, corregir muchas otras y crear nuevas.  

El portafolio de medidas es grande, pero no desconocido: troncales en la Carrera Séptima y la Avenida 68, otras conexiones de TransMilenio, inicio de la Primera Línea Metro, recuperación, ampliación de la Avenida Caracas y la Autopista Norte (como estaba en el plan original para ser realizado antes de 2010) y reforzamiento y ampliación de los carriles prioritarios para zonales del SITP. También reingeniería operacional de TransMilenio (simplificación de rutas, nuevos servicios cortos) y de los servicios zonales del SITP (cambiar rutas larguísimas por un esquema de servicios barriales y urbanos integrado). Todo esto acompañado por reforzamiento de la cultura ciudadana y del control policial. También ayudará mucho organizar la logística urbana –parte del trancón–. En las urgencias está el reemplazo de flota de Fase I y las dificultades financieras de los operadores (me siento escribiendo lo mismo, porque se ha dicho muchas veces).

Y el lío de fondo es de fondos. Una estimación preliminar indica que Bogotá necesita entre 40 y 60 mil millones de pesos colombianos (USD 13-20 billones) para avanzar un portafolio amplio de inversiones y poner al día la malla vial, hoy en regular estado de mantenimiento. De acuerdo con las fuentes hoy disponibles, que incluyen un aporte del Gobierno Nacional para transporte masivo de 9.65 mil millones de pesos colombianos (USD 3.22 billones), el faltante se estima entre 20 y 30 mil millones de pesos colombianos (USD 7-10 billones). 

Lo correcto, como dice el propio Alcalde, es obtener los recursos de los usuarios de vehículos particulares, principalmente. Ese necesario buscar cargos a los carros; el Alcalde volvió a hablar de peajes de acceso que fueran rechazados por el Concejo siete veces en el pasado. Hay autorización nacional para cobro de cargos de estacionamiento y de congestión, pero se necesita aprobación del Concejo de la Ciudad. También hay oportunidad de captura de valor inmobiliario. Aún con nuevas fuentes el hueco es grande y será necesario recurrir a participación privada y otras formas de avanzar los proyectos que necesita la ciudad.

El otro gran lío es de credibilidad y corresponsabilidad; en ese aportamos todos los bogotanos. Quedan 205 semanas. Insisto en mi optimismo.  

 

*Foto: Carlos Bolivar/Flickr